La lengua española hace más leve el castigo de Babel.
Frases célebres sobre: castigo. [Página 5]
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A quien las buenas obras no aprovechan y las tiernas palabras no mueven, las malas le domen con duro y riguroso castigo.
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Los jueces prefieren condenar a diez inocentes antes que permitir que quede un culpable sin castigo.
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Nunca, nunca tengas miedo de hacer lo correcto, especialmente si el bienestar de una persona o animal está en juego. Los castigos de la sociedad son pequeños en comparación con las heridas que infligimos a nuestra alma cuando miramos para otro lado.
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En la naturaleza no hay recompensas o castigos; hay consecuencias
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El único propósito del castigo es la prevención del mal; nunca impulsará a nadie al bien.
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De la misma manera debemos soportar la autoridad del príncipe. Si usa mal su autoridad o abusa de ella, no debemos albergar resentimiento, ni buscar venganza ni castigo
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El único propósito del castigo es la prevención del mal; nunca debe ser impulsivo el bien.
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El objeto del castigo es la prevención del mal; nunca impulsará a nadie al bien.
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Los buenos aborrecen el vicio sólo por amor a la virtud. Tú no te harás culpable de nada por temor al castigo
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Una buena obra nunca queda sin castigo.
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Si yo hubiera creído en un Dios de recompensas y castigos, puede que hubiera perdido el ánimo en las batallas.
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¿Qué pena, qué castigo habrá que cuadre a éste, de los hombres monstruo fiero, temerario homicida de su padre, aunque de su corona el heredero?
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El castigo del anzuelo no es nada. El castigo del hambre y de que se halle frente a una cosa que desconoce lo es todo.
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No me quejaré. He recibido la vida como una herida y he prohibido al suicidio que cure la cicatriz. Quiero que el Creador contemple, en cada hora de su eternidad, la grieta abierta. Es el castigo que le inflijo.
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Deben imponerse castigos cuando convenga. La fidelidad no es contraria a una justa corrección.
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Las doctrinas políticas no se combaten ni desvirtúan con castigos.
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No mendigues jamás calor y abrigo, que la lástima no llegue hasta tu puerta, el afecto prestado es el castigo que la vida por fácil siempre oferta.
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Todos los santos, de Mahoma a Francisco Javier, no han sido sino una mezcla de locura, orgullo y autodisciplina; esto último podía haber tenido mucha menos trascendencia, pero esos hombres se vengaron siempre de sus propios castigos imponiendo los máximos
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Las naturalezas inferiores repugnan el merecido castigo; las medianas se resignan a él; las superiores lo invocan.