Los cinco colores ciegan al hombre.
Frases célebres sobre: ciega. [Página 3]
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Los cinco colores ciegan al hombre. Los cinco sonidos ensordecen al hombre. Los cinco sabores embotan al hombre. La carrera y la caza ofuscan al hombre. Los tesoros corrompen al hombre
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Y es esa visión amorosa, que al alma la ciega a toda otra luz; ¡y ese amor es el tuyo, tu amor perdurable, tu amor absorbente, oh Jesús!
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Si el periodismo es todavía una fuerza ciega, la culpa es del periodista. No hay ningún sacerdocio más alto que el del periodista; pero, por lo mismo, no hay sacerdocio que imponga más deberes, y por lo mismo, no hay sacerdocio más expuesto a ser peor des
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La palabra es libre; la acción muda; la obediencia ciega.
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Rezar es como tomar un camino a ciegas en medio de las tinieblas y esperar que una luz mortecina nos garantice que no nos hemos extraviado
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El amor y la aflicción con facilidad ciegan los ojos del entendimiento.
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El amor y la afición con facilidad ciegan los ojos del entendimiento.
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Esta que llaman por ahí Fortuna es una mujer borracha y antojadiza, y sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace, ni sabe a quien derriba.
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Muda la admiración, habla callando, y, ciega, un río sigue, que -luciente de aquellos montes hijo- con torcido discurso, aunque prolijo tiraniza los campos útilmente.
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Así reinas, divino ser del universo, sobre aquellos que te amaron ciegamente a través de las apariencias.
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Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas.
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Una cita a ciegas puede convertirse en un cerdo con sombrero y un bolso de mujer.
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Cuando todas las esperanzas del reconocimiento u honor son distantes, cuando la pureza del corazón resuelve el dolor de la mente, cuando todo el mundo parece caminar ciegamente; solamente ahí se entiende la pasión.
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Hitler habla durante dos horas. Me siento abatido. ¿Qué Hitler es éste? ¿Un reaccionario? Fabulosamente torpe e inseguro ... . Ya no creo ciegamente en él. Esto es lo terrible: he perdido el apoyo interior. Sólo soy a medias.
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No hay credulidad tan ansiosa y ciega como la credulidad de la codicia, que es, en su medida universal, la miseria moral y la indigencia intelectual de la humanidad.
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Que tu perseverancia no sea consecuencia ciega del primer impulso, obra de la inercia: que sea una perseverancia reflexiva.
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El interés, que ciega a unos, deslumbra a otros.
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El interés, que ciega a unos, ilumina a otros.
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El interés que ciega a unos alumbra a otros.