El esclavo pierde la mitad de su alma cuando entra en servidumbre
Frases célebres sobre: cla. [Página 71]
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Es voluble la lengua de los hombres, y de ella salen razones de todas clases; hállanse muchas palabras acá y allá, y cual hablares, tal oirás la respuesta. Mas ¿qué necesidad tenemos de altercar, disputando e injuriándonos, como mujeres irritadas, las cua
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¿Por qué me desprendí de la corriente misteriosa y eterna en la que estaba fundida, para ser siempre la esclava de este cuerpo tenaz e independiente?
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La dictadura no se evita declamando contra ella, sino haciéndola innecesaria con nuestra rigurosa disciplina del deber
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El hombre ha de ser esclavo de la acción si quiere vivir.
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Es preciso tener bien en claro esta verdad universal: sean lo que fueren las cosas en su mundo pleromático y cosístico, sólo pueden ingresar en el mundo de la comunicación y del significado merced a sus nombres, sus cualidades y sus atributos o sea, merce
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Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cuatro años podría entenderlo. ¡Que me traigan un niño de cuatro años!
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El amor. Claro, el amor. Un año de ardor y llamas y treinta de cenizas.
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En el ejército, un hombre nunca se siente solo; tu vida es diferente, claro, estás completamente solo pero gozas de cierta libertad, y además debe de ser maravilloso componer canciones y cantarlas.
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Es indigno que hombres notables pierdan su tiempo como esclavos del cálculo cuando podrían dejar ese trabajo en manos de cualquiera si se usaran las máquinas.
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Tres Reyes llegaron; cesa de nevar. ¡La luna le ha visto, cesa de llorar! Su llanto de nieve cuajó en el pinar. Mil ángeles cantan canción de cristal que un Clavel nació de un suave Rosal
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El nadaísmo es un estado del espíritu revolucionario, y excede toda clase de previsiones y posibilidades
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Creeré en ti. Serás una luz clara en el barco de papel de mi espíritu.
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Nuestra generación reclamó la tierra, nuestros hijos lucharon en las guerras, y nuestros nietos deberían disfrutar de la paz
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Dadme la espuma de los ojos claros, la nieve de los pechos altaneros que mi canción tendré para embriagaros y la noche de miel para venteros.
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Sobre tu espalda eléctrica eché mis dados: ¡Ases! Ases de tu sonrisa de azufre y tus descalzos pies sobre la caldera de la noche. Fugaces clavos titiriteros de tus pezones falsos.
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Mi rostro no es su rostro sino, acaso, la sombra, la mezcla de esos rostros.
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Más que por la A de amor estoy por la A de asma, y me ahogo de tu no aire, ábreme alta mía única anclada ahí, no es bueno el avión de palo en el que yaces con vidrio y todo en esas tablas precipicias, adentro de las que ya no estás, tu esbeltez ya no está
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El traslado de la responsabilidad distorsiona la opinión pública. El pueblo, acostumbrado a esperar todo del Estado, no acusa a éste de hacer demasiado, sino de no hacer suficiente. El gobierno es derrocado y se instala otro, y el pueblo clama: hagan más
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¿No es ello la causa de todas nuestras revoluciones? Porque entre el Estado, que prodiga promesas imposibles, y el público, quien ha concebido esperanzas irrealizables, se vienen a interponer dos clases de hombres: los ambiciosos y los utópicos.