Era el antiguo proverbio: el dinero hace al hombre; lo hace más puro que los ángeles, y para demostrar lo contrario, hay que tener al menos tanto dinero como él.
Frases célebres sobre: com. [Página 405]
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...inundar el mercado vendiendo acciones por debajo de su cotización es algo más o menos tan moral como un asesinato, y muchas veces más brutal.
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Cuando se ignora de dónde llegará la próxima comida, no se puede pensar en el estado del alma ni cuidarla. El hambre no tiene moral, amigo mío.
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La ley debe ser como la muerte, que no exceptúa a nadie.
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Los más desgraciados no son los que sufren las injusticias, sino los que las cometen
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Nada graba tan fijamente en nuestra memoria alguna cosa como el deseo de olvidarla.
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No hay tontería mayor y más común que la de amargarse por las tonterías del mundo.
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Nada agravia tanto a los hombres como ir contra sus ceremonias y costumbres
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La verdadera fuerza de un príncipe no consiste tanto en su capacidad para vencer a sus vecinos como en lo difícil que pueda ser para éstos atacarlo.
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El hombre que escribe bien, escribe, no como los demás, sino como él mismo.
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No hay por qué ser esclavos de esos fingidores, que hay tantos falsos devotos como falsos valientes, y así como no se ve qué, allí donde el honor los conduce, los verdaderos valientes sean los que más bullicio hacen, así los buenos y verdaderos devotos, m
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Hay que comer para vivir, y no vivir para comer
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Si tuviera que dimitir cada vez que el Gobierno discrepa conmigo, no duraría una semana como ministro de Defensa.
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Entiéndelo, tengo que comer, pagar facturas, comprarme ropa, echar gasolina... ¡Cerrarte la boca!
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Lo más importante de mi vida es lograr la paz. Dios me dio esta enfermedad para demostrarme que soy un hombre frágil como cualquiera
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El ego se revela como una unidad de lo que llamamos estados mentales.
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Mi visita a la Mezquita ha elevado a tal altura de sentir como nunca había alcanzado antes.
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Como perlas, vivimos y nos movemos y tenemos nuestro ser en el perpetuo flujo de la Vida Divina.
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No es la recompensa lo que eleva el alma, sino la labor que le ha valido esa recompensa
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El deseo es como un río, conserva el mismo nombre, pero sus aguas están en constante cambio.