La bondad de corazón y la equidad de un hombre honesto vale cien veces más que la amistad de un bellaco
Frases célebres sobre: cora. [Página 77]
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Los animales tienen corazón y pasiones, pero la santa imagen de lo honesto y de lo bello sólo puede tener cabida en el corazón humano.
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Si quitáis de los corazones el amor a lo bello, quitaréis todo el encanto de vivir.
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Si quitáis de nuestro corazón el amor de lo bello, nos quitáis todo el encanto de vivir
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Si el hombre no debe ahogar sus sentimientos, tendrá entonces que practicar la amabilidad hacia los animales, ya que aquel que es cruel con los animales se vuelve tosco en su trato con los hombres. Se puede juzgar el corazón de un hombre por su trato a lo
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El corazón pena por la caducidad y se entrega a ella sin rebeldía, pero el espíritu la enfrenta con sus armas y trata de vencerla una y otra vez.
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El castigo entra en el corazón del hombre desde el momento en que comete el crimen.
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El amor no puede soportar la indiferencia. Es necesario ser querido. Como una lámpara, que necesita ser alimentado por el petróleo del otro corazón.
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Desde el instante en que el hombre comete un crimen, entra el castigo en su corazón.
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La paz no se logra en la mesa del consejo o por los tratados, sino en los corazones de los hombres
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De todas las músicas que conducen al cielo, la de un corazón enamorado es la que llega más rápido.
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El corazón de la madre es el aula del niño.
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Todos éstos, los que vivían en estas casas, y todos los condenados dependientes de comercio, que vivían por allá, no sirven. No tienen coraje, no sueñan ni ansían nada, y el que no tiene esas cosas, no vale un ardite.
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Y tengo, para consuelo mío, dos extrañas flores blancas -encogidas ahora, ennegrecidas, aplastadas y frágiles- para atestiguar que aun cuando la inteligencia y la fuerza habían desaparecido, la gratitud y una mutua ternura aún se alojaban en el corazón de
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El niño se alimenta los primeros años del pecho de la madre, pero de su corazón toda la vida.
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Morgan conservaba más coraje que maduro consejo
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¡Ah, qué valientemente trato de arrancar de los corazones de los demás lo que se ha prendido tan fuerte en el mío!
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Proferí entonces una exclamación de alegría y lo estreché con más fuerza contra mi cuerpo, donde pude sentir, en la fiebre repentina que hizo presa de su cuerpo, los acelerados latidos de un pequeño corazón.
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Lo cogí, sí, y es fácil imaginar con qué pasión; pero al cabo de un minuto comencé a darme cuenta de lo que en realidad tenía entre mis brazos. Estábamos solos, el día era apacible, y su pequeño corazón, desposeído, había dejado de latir.
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No esperemos a ser buenos y cordiales. Apresurémonos ya desde ahora a alegrar el corazón de nuestros compañeros durante la corta travesía de la vida