Cuando mi amigo está infeliz, voy a su encuentro; cuando está feliz, espero que me encuentre.
Frases célebres de Henri-Frédéric Amiel.
Henri-Frédéric Amiel fue un filósofo y moralista suizo, autor de un célebre Diario.
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Cuesta mucho trabajo que la libertad vuelva a la franca unidad del instinto.
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Dime lo que crees ser y te diré lo que no eres.
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El amor es el olvido del yo.
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El cielo, el infierno y el mundo entero, está en nosotros.
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El destino puede seguir dos caminos para causar nuestra ruina: rehusarnos el cumplimiento de nuestros deseos y cumplirlos plenamente.
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El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca decide.
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El hombre se eleva por la inteligencia, pero no es hombre más que por el corazón.
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El tiempo no es sino el espacio entre nuestros recuerdos.
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El misterio nos asedia, y justamente lo que vemos y hacemos todos los días es lo que oculta la mayor suma de misterios.
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Hacer con soltura lo que es difícil a los demás, he ahí la señal del talento; hacer lo que es imposible al talento, he ahí el signo del genio.
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La crítica convertida en sistema es la negación del conocimiento y de la verdadera estimación de las cosas.
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La divagación es el domingo del pensamiento.
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La inconstancia lo echa todo a perder; no deja que ninguna simiente germine.
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La verdadera humildad consiste en estar satisfecho.
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La vida es un aprendizaje de renunciamiento progresivo, de continua limitación de nuestras pretensiones, de nuestras esperanzas, de nuestra fuerza, de nuestra libertad.
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La vida no es más que un tejido de hábitos.
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Mira dos veces para ver lo justo. No mires más que una vez para ver lo bello.
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No creo que ningún placer que podamos obtener de nuestras emociones llegue a igualar esos momentos de paz silenciosa que son atisbos de los gozos del paraíso...Se siente una armonía interior libre de la más mínima agitación o tensión. En esos momentos el
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No niego los derechos de la democracia; pero no me hago ilusiones respecto al uso que se hará de esos derechos mientras escasee la sabiduría y abunde el orgullo.