Algunos encuentran el silencio insoportable porque tienen demasiado ruido dentro de ellos mismos
Frases célebres sobre: cuen. [Página 125]
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En la vida no hay premios ni castigos, sino consecuencias.
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Ahora cuando nuestros cuerpos arriesgan un encuentro, temen desencadenar la furia de sus sentidos, y sólo en el breve desmayo de la despedida se estremecerá tu risco o vacilará mi ola.
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La gente dice que soy despiadado. No soy despiadado. Y si encuentro al hombre que me llama despiadado, voy a destruirlo.
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La felicidad no es un premio, sino una consecuencia. El sufrimiento no es un castigo, sino un resultado
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Las ciencias no son sectarias. Las personas no se persiguen unas a otras por cuenta de desacuerdos en matemática. Las familias no se dividen acerca de la botánica, y la astronomía no tiende a hacer a un hombre odiar a su padre y a su madre. Nos perseguimo
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Aquel que hace el bien desinteresadamente, sin interés al elogio y a la recompensa, al final de cuentas tendrá ambas cosas.
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¡Qué raro y maravilloso es ese fugaz instante en el que nos damos cuenta de que hemos descubierto un amigo!
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El dinero es la felicidad humana en abstracto; en consecuencia, aquel que no es capaz de ser feliz en concreto, pone todo su corazón en el dinero.
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El amor platónico es como un revolver que manejamos sin darnos cuenta de que, como está cargado, en cualquier momento puede dispararse.
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La vida es un cuento narrado por un idiota, lleno de sonido y furia que nada significa
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Si el amor y el deber se encuentran, empieza el estado de gracia y se llega a una felicidad que es muy difícil imaginar.
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Un filósofo es un tipo que sube a una cumbre en busca del sol; encuentra niebla, desciende y explica el magnífico espectáculo que ha visto.
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Sólo avanzada ya mi vida me di cuenta de cuán fácil es decir: no lo sé.
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Ello es muy corriente: cuando los hombres se encuentran fuera de su casa, se encuentran muy contentos.
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El juramento de un enamorado no tiene más fuerza que la palabra de un mozo de cervecería. Uno y otro no sirven sino para confirmar o certificar cuentas falsas.
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El temer lo peor es con frecuencia el mejor medio de remediarlo.
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Cuando las órdenes son razonables, justas, sencillas, claras y consecuentes, existe una satisfacción recíproca entre el líder y el grupo.
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Nuestras dudas son traidores que con frecuencia nos hacen perder el bien, que habríamos podido ganar, con el temor de intentarlo.
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Nada más elocuente que la elección.