Una hora de alegría es algo que robamos al dolor y a la muerte, y el cielo nos recuerda pronto nuestro destino.
Frases célebres sobre: cuerda. [Página 7]
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Algunas mujeres optan por seguir a los hombres y algunas mujeres optan por seguir sus sueños. Si te estás preguntando qué camino tomar, recuerda que tu carrera nunca se despertará y te dirá que ya no te quiere
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El que sabe atar no usa cuerdas ni nudos, y, sin embargo, nadie puede desatar lo que él ha unido.
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Observa todo lo blanco que hay en torno tuyo, pero recuerda todo lo negro que existe.
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La gente no recuerda tanto lo que tú dices o haces, sino la intención con la que lo haces.
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Recuerda que cada discusión tiene al menos tres puntos de vista: el tuyo, el del otro y los de los demás
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Por encima de todo recuerda que se necesita muy poco para llevar una vida feliz.
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La edad adulta es cuando te has encontrado con tanta gente que cada nueva persona te recuerda a otra.
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Di a aquellos que amas que realmente los amas y en todas las oportunidades y recuerda siempre que la vida no se mide por la cantidad de aire que respiraste, sino por los momentos que tu corazón palpito fuerte: de tanto reír, de sorpresa, de éxtasis, de fe
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Pero recuerda, la única persona que te acompaña toda la vida eres tú mismo. ¡Mantente vivo, hagas lo que hagas!
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La persona que concuerda con todo lo que tu dices, o no está poniendo atención, o se propone venderte algo.
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Caminaste por la calle y allí estaban: el látigo y el derramamiento de sangre. Recuerda por lo tanto que no hay duda: Ciertamente existe el infierno.
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Me pregunto si te acuerdas de la historia que nos leyó mamá la primera noche que Sebastian se emborrachó...; quiero decir la noche mala. El padre Brown dijo algo así como le cogí al ladrón con un anzuelo y una caña invisibles, lo bastante largos como para
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Aquel que doblega a su tiempo obra cuerdamente.
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Son mis recuerdos de estos malos tiempos los que explican la serenidad de mi consejo a los jóvenes científicos de que tengan más de una cuerda en su arco y estén dispuestos a aceptar un no como respuesta, si las pruebas apuntan en esa dirección.
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Recuerda, cuerpo, no sólo cuánto se te amó, no solo los lechos donde estuviste echado, más también aquellos deseos que, por ti, en miradas brillaron claramente y en la voz se estremecieron.
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Cuando la memoria del cuerpo despierta, su viejo deseo vuelve a rodar en la sangre; cuando los labios y la piel recuerdan mis manos sienten como si tocaran de nuevo.
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Tú no recuerdas la casa de los aduaneros sobre el barranco profundo de la escollera: desolada te espera desde la noche en que entró allí el enjambre de tus pensamientos y se detuvo inquieto.
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Cuando tienes razón, nadie lo recuerda. Cuando estás equivocado, nadie lo olvida
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Cuando apuntas con el dedo, recuerda que tres dedos te señalan a ti.