Pero no estaba arrepentido ni me sentía culpable: querer a alguien no es pecado, el amor está bien, lo único demoníaco es el odio.
Frases célebres sobre: culp. [Página 15]
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Después de haber besado sus cabellos de trigo, nada importa la culpa, pues no importa el castigo.
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Es una buena norma en la vida nunca disculparse. La buena gente no quiere disculpas y la mala saca siempre ventaja de ello.
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Cuando son tan extraños los sucesos, la admiración disculpa los excesos.
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El dolor está en nuestra vida cotidiana, en el sufrimiento escondido, en la renuncia que hacemos y culpamos al amor por la derrota de nuestros sueños
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Decir que en la vida no se puede amar más que una sola vez es pronunciar una de las tantas y de las mayores necedades, de las cuales se hace cada día culpable al amor.
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¡Ah! ¡Cosa terrible es sentir como propia la ajena culpa!
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El hombre puede soportar las desgracias que son accidentales y llegan de fuera. Pero sufrir por propias culpas, ésa es la pesadilla de la vida.
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Quién no sabe bailar le echa la culpa al piso.
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Disculpen, tengo que marcharme les dije a los de la mesa. Eché a andar sintiéndome como un fantasma, como siempre que he bebido demasiado.
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Envidio a la gente que bebe. Al menos ellos tienen a qué echar la culpa de todo.
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El trabajo en equipo es esencial; te permite echarle la culpa a otro.
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Es mil veces más fácil no decir lo que pensamos en un momento de ira, que disculparnos después.
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Si yo ordenara -decía frecuentemente-, si yo ordenara a un general que se transformara en ave marina y el general no me obedeciese, la culpa no sería del general, sino mía
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De noventa enfermedades, cincuenta las produce la culpa y cuarenta la ignorancia.
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Nunca eches a perder una disculpa con una excusa
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No ignoro que me tacharán de cruel, pero sé muy bien quiénes serán ésos...Debo recurrir, pues, al instrumento insensible de la justicia, al hacha, que es forzoso que caiga sobre la cabeza de los culpables.
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Yo no creo en la astrología. Las únicas estrellas que puedo culpar de mis fracasos son las que caminan sobre el escenario.
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Nada más fácil que pedir perdón cuando no nos sentimos culpables.
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Si el partido principal, sea el pueblo, el ejército o la nobleza, que os parece más útil y más conveniente para la conservación de vuestra dignidad está corrompido, debéis seguirle el humor y disculparlo. En tal caso, la honradez y la virtud son pernicios