Cuando el tiempo sólo sea rapidez, instantaneidad y simultaneidad, mientras que lo temporal, entendido como acontecer histórico, haya desaparecido de la existencia de todos los pueblos, entonces, justamente entonces, volverán a atravesar todo este aquelar
Frases célebres sobre: dad. [Página 479]
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El sentido común del hombre tiene su propia necesidad; afirma su legitimidad con la única arma que está a su alcance, esto es, la invocación a lo obvio de sus aspiraciones y reflexiones
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Cantar y pensar son los troncos cercanos del poetizar. Crecen del ser y se alzan hasta tocar su verdad
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Un maestro que permanece mudo cuando se enseña el error, y no obstante pretende ser un maestro de la verdad, es peor que un fanático descarado y con su hipocresía hace más daño que un hereje... éstos no quieren ofender a nadie, o decir una palabra en favo
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Siendo propiedad del Señor Jesucristo a gran precio adquirida, no debemos ser esclavos de Satanás ni de hombre, sino señores verdaderamente libres que no sirven al pecado sino al Señor Jesús
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La superstición, la idolatría, y la hipocresía tienen grandes pagas, pero la verdad tiene que mendigar
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Nunca, nunca tengas miedo de hacer lo correcto, especialmente si el bienestar de una persona o animal está en juego. Los castigos de la sociedad son pequeños en comparación con las heridas que infligimos a nuestra alma cuando miramos para otro lado.
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Hay que dejar la vanidad a los que no tienen otra cosa que exhibir.
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Los Gobiernos pasan, las sociedades mueren, la policía es eterna.
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La ingratitud proviene, tal vez, de la imposibilidad de pagar.
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La fama es un efluvio; la popularidad, un accidente; las riquezas, efímeras. Sólo una cosa perdura: el carácter
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La informalidad en atender una cita es un claro acto de deshonestidad. Igual puedes robar el dinero de una persona si robas su tiempo.
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Averguénzate de morir antes de haber conseguido alguna victoria para la humanidad.
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Avergüenzate de morir si no has ganado alguna victoria para la humanidad.
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La caridad comienza por nosotros mismos, y la mayoría de las veces acaba donde empieza.
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Nuestra caridad comienza en nuestra propia casa, y casi siempre termina donde comienza
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Nuestra caridad empieza por uno mismo. Y usualmente termina por donde empieza.
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Sois un hombre prudente, y aunque el ardor de mi temperamento me traicione con algunas expresiones impropias, honro vuestra virtud y deseo deberos la tranquilidad de mi vida y la conservación de mi familia.
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¿Acaso puedo ocultar mi pensamiento a la mujer a la que más respeto, de la que no he recibido sino ternura y toda la bondad del mundo, a la mejor de las madres?
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¡Cómo! ¿Creéis acaso, encantadora doncella, que aceptaré salvar mi vida atrayendo calamidades sobre la vuestra? Antes soportaría mil muertes.