La felicidad estriba en nuestro placer y no en las cosas; somos felices por poseer lo que amamos, y no por poseer lo que los demás juzgan deseable
Frases célebres sobre: dad. [Página 510]
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El mal que hacemos no nos atrae tanta persecución y tanto odio como nuestras buenas cualidades.
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Lo que tomamos por virtudes a menudo no es más que un compuesto de diversas acciones y diversos intereses que el azar o nuestro ingenio consiguen armonizar, y no es siempre el valor y la castidad lo que hace que los hombres sean valientes y que las mujere
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Conocer las cosas que lo hacen a uno desgraciado, ya es una especie de felicidad.
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El daño que hacemos no nos trae tantas persecuciones y odios como nuestras buenas cualidades.
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El orgullo, que tanto alienta nuestra vanidad, nos sirve a menudo para moldearla.
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Las lágrimas no sólo son indicio de una naturaleza sensible y compasiva; son también indicio de debilidad y astucia.
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Amo a mi país más que a mi familia, pero amo a la humanidad más que a mi país.
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Los más insolentes en la prosperidad son en la adversidad los más débiles y cobardes.
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Así como la demasiada autoridad corrompe a los reyes, así el lujo emponzoña toda una nación.
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Los más insolentes en la prosperidad son en la adversidad los más temerosos.
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El poder sin límites, es un frenesí que arruina su propia autoridad.
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Un rey está perdido si no rechaza la adulación y si no prefiere a los que dicen audazmente la verdad
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El verdadero valor consiste en prever todos los peligros y despreciarlos cuando llegan a hacerse inevitables.
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El verdadero medio de ganar mucho consiste en no querer nunca ganar demasiado.
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Hay personas tan ligeras y tan frívolas, que son tan incapaces de tener verdaderos defectos como sólidas cualidades.
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La inocencia no encuentra protección en la culpabilidad.
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Pocas cosas son necesarias para hacer feliz al hombre sabio, pero nada satisface al tonto; esta es la razón de que gran parte de la humanidad sea miserable.
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Hay una inconstancia que proviene de la ligereza del espíritu o de su debilidad, que le hace acoger todas las opiniones ajenas, y hay otra, más excusable, que proviene del hastío de las cosas.
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No se debe juzgar del mérito de un hombre por sus grandes cualidades, sino por el uso que sabe hacer de ellas.