Para el hombre ambicioso, el buen éxito disculpa la ilegitimidad de los medios.
Frases célebres sobre: dad. [Página 511]
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El verdadero amor es como los espíritus: todos hablan de ellos, pero pocos los han visto.
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La felicidad reside en los gustos y no en las cosas; somos felices cuando tenemos lo que nos gusta y no cuando tenemos lo que los demás encuentran agradable.
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Es necesario tener tanta discreción para dar consejos como docilidad para recibirlos.
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Hay varias clases de curiosidad; una, interesada, que nos lleva a desear aprender lo que nos puede ser útil; otra orgullosa, nacida del deseo de saber lo que otros ignoran.
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Nuestra envidia dura siempre más que la felicidad de aquellos a quienes envidiamos.
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La adulación es una moneda falsa que tiene curso gracias solo a nuestra vanidad.
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Los celos son resultado más del amor propio que del verdadero amor.
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Quiero que utilices todo tu poder, toda tu habilidad. No quiero que su madre lo vea así.
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Una mentira es una verdad que se olvidó lo que ocurrió.
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El orgullo interviene más aún que la bondad en nuestras represiones a quienes han cometido algún yerro, y les reprendemos más que para corregirles, para convencerles de que estamos exentos de él.
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Nunca el hombre es tan ridículo por las cualidades que tiene, como por aquellas que cree tener.
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Se necesitan virtudes más grandes para soportar la prosperidad que la suerte adversa.
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La filosofía triunfa con facilidad sobre las desventuras pasadas y futuras, pero las desventuras presentes triunfan sobre la filosofía.
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El verdadero valor consiste en hacer uno sin testigos lo que sería capaz de hacer ante todo el mundo.
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La verdadera elocuencia consiste en no decir más de lo que es preciso.
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La verdadera prueba de que se ha nacido con grandes cualidades estriba en haber nacido sin envidia.
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Los celos se nutren de dudas y la verdad los deshace o los colma.
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Los hombres no vivirían mucho tiempo en sociedad si no se engañaran unos a otros.
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No se debe juzgar a un hombre por sus cualidades, sino por el uso que hace de ellas.