Pensar era inútil como desesperarse por recordar un sueño del que sólo se alcanzan las últimas hilachas al abrir los ojos
Frases célebres sobre: dese. [Página 44]
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Abrazarse interminablemente o con una violencia que los apartaba en el mismo instante, como si del deseo creciera amarga la distancia. Y siempre por debajo, un silencio agazapado donde latía el tiempo enemigo
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Es inconcebible una revolución que no desemboque en la alegría.
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El poder, el dinero y más concretamente los mercados y la administración, se apoderaron de funciones integrativas que antes eran desempeñadas por valores y normas consensuales, o incluso, por procesos de construcción de un entendimiento
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La constancia es un puente entre el deseo y la realización
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Deseaban verlo, tenerlo, y también deseaban sentir su ausencia, la tristeza de no poder hablarle, y el vuelco jubiloso en el corazón al verle aparecer de nuevo.
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Muchas veces escuchó decir que con los años llega la sabiduría y él esperó, confiando en que tal sabiduría le entregara lo que más deseaba: ser capaz de guiar el rumbo de los recuerdos y no caer en las trampas que éstos tendían a menudo.
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Nada graba tan fijamente en nuestra memoria alguna cosa como el deseo de olvidarla.
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Si el hombre no deseara más que ser feliz, lo lograría con facilidad; pero quiere ser más feliz que los otros, y esto es ya muy difícil, porque cree que los otros son más felices de lo que realmente son.
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La timidez es la desconfianza del amor propio, que deseando agradar teme no conseguirlo
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El deseo es como un río, conserva el mismo nombre, pero sus aguas están en constante cambio.
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Sólo en la actividad desearás vivir cien años.
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El corazón es un niño: espera lo que desea.
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Las grandes almas tienen voluntades; las débiles tan solo deseos.
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Quien espera, desespera.
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La dicha de la fea, la hermosa la desea.
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En este ocaso de mi vida sólo un deseo me queda: la dicha de mi país, la dicha de los míos.
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Si sentís deseos de inclinaros ante un déspota, hacedlo; pero levantad una piedra para terminar dignamente el saludo
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Cantemos al linaje de aquella que nació de la espuma de las olas; Cantemos al real e inmenso origen de donde partieron, alados, los inmortales deseos.
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Los hombres fácilmente se persuaden de que es falso, o al menos dudoso, aquello que no desearían que fuese verdadero.