Al desdichado las desgracias le buscan y le hallan, aunque se esconda en los últimos rincones de la tierra.
Frases célebres sobre: desgracias. [Página 2]
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Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron.
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Todo aquel que no pone freno a la lengua, no extrañe las desgracias que le sucedan; pues las palabras no pueden recogerse ya pronunciadas.
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Al que se ve colmado de conveniencias, las ajenas desgracias poco le inquietan; porque es muy cierto que el harto no se acuerda del que está hambriento.
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Si piensas de aburrido desesperarte, sabe que te acreditas de muy cobarde; que está lo fuerte en sufrir las desgracias con rostro alegre.
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Nada hay más admirable y heroico, que sacar valor del seno mismo de las desgracias, y revivir con cada golpe que debiera darnos muerte.
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La verdad es que no pasa nada para las desgracias que podrían ocurrir. Lo milagroso es que funcionen los semáforos
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¡Llorad, llorad queridos míos! ¡No serán éstas las últimas desgracias que sufriréis!
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¡Ah!, no preveáis las desgracias del amor antes de haber gustado sus placeres.
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Yo también puedo sembrar la desolación; mi enemigo no es invulnerable. Esta muerte le acarreará la desesperación, y mil otras desgracias lo atormentarán y destrozarán
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Cuando la ley y la moral se encuentran en contradicción, el ciudadano se encuentra en la cruel disyuntiva de perder la noción de lo moral o de perder el respeto a la ley, dos desgracias tan grandes una como la otra y entre las cuales es difícil elegir.
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La justicia sin la fuerza y la fuerza sin la justicia constituyen dos grandes desgracias
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Todos tenemos la fortaleza suficiente para soportar las desgracias ajenas.
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Los verdaderos amigos se encuentran en las desgracias.
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Acusar a los demás de nuestras propias desgracias es consecuencia de nuestra ignorancia; acusarse a sí mismo es comenzar a entenderse, no acusar ni a otros ni a sí, esa es la verdadera sabiduría.
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En las desgracias hay que acordarse del estado de conformidad con que miramos las ajenas.
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Las desgracias, al igual que la fortuna, sólo llegan cuando las hemos buscado con nuestros actos.
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Atribuimos a la casualidad nuestras desgracias, nunca nuestra prosperidad.
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La virtud resplandece en las desgracias.
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Todas nuestras desgracias no están en lo poco que acabo de contarte y que son cosas pasadas. Aunque hay otras. No quisiera decirlas. ¿Para qué? Aquellos que gustarían, como tú, desposarme y que las conocieran, no avanzarían más. Vale más doblegarse ante e