Es el más extraño bateador en el béisbol, tu lo analizas de una manera y el te destruye de otra
Frases célebres sobre: dest. [Página 77]
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Alegra ver caer las gotas de lluvia. Pero ellas se destrozan contra el suelo.
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¿Cómo reconocer una obra de arte? ¿Cómo separarla, aunque sólo sea un momento, de su aparato crítico, de sus exégetas, de sus incansables plagiarios, de sus ninguneadores, de su final destino de soledad? Es fácil. Hay que traducirla.
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Y a medida que se destrenza mi deseo, reconstruyo los vestidos con que la cortesana se embellecerá, los sombreros armoniosos con que se cubrirá para ser más seductora, y la imagino junto a su lecho, en una semidesnudez más terrible que el desnudo.
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Me he convertido en la muerte, el destructor de mundos.
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El egoísmo es la propiedad más segura de la vida humana. Gracias a él han conseguido el político, el soldado y el rey ordenar tu mundo con astucia y coacción. Ésa es la melodía de la humanidad; Tú y yo tenemos que reconocerlo. Desterrar la coacción supond
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Con la invención de la bomba atómica he llegado a ser la muerte, el destructor de mundos.
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La meta, si se alcanza o no, hace grandiosa la vida; trata de ser Shakespeare, y deja lo demás al destino.
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Que jamás el destino, comprendiéndome mal, me otorgue la mitad de lo que anhelo y me niegue el regreso.
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El análisis destruye el todo. Algunas cosas, las cosas mágicas, han sido hechas para permanecer enteras. Si uno las observa por pedazos, desaparecen.
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La gente dice que soy despiadado. No soy despiadado. Y si encuentro al hombre que me llama despiadado, voy a destruirlo.
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Siempre que un hombre cree que ha recibido la verdad exacta de dios, no hay en él un espíritu de transigencia. Le falta la modestia que nace de las imperfecciones de la naturaleza humana; tiene la arrogancia de la certidumbre teológica y la tiranía que na
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Inspirar desesperada pasión es mi destino.
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El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.
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En amor, tan a destiempo llega el que va demasiado aprisa como el que va demasiado despacio.
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Dueños de sus destinos son los hombres. La culpa, querido Bruto, no está en las estrellas, sino en nuestros vicios.
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Si todos los ricos y toda la gente de la iglesia enviaran a sus niños a las escuelas públicas se sentirían obligados a destinar su dinero en mejorar estas escuelas hasta que alcanzaran los estándares más altos...
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Tan a destiempo llega el que va demasiado deprisa como el que se retrasa demasiado.
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Nada hay serio en el destino humano.
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Con frecuencia pedimos al cielo recursos que residen en nosotros mismos. El destino celeste nos deja libres en nuestras acciones y no retarda nuestros designios, sino cuando somos lentos en ejecutarlos.