La originalidad no consiste en decir cosas nuevas, sino en decirlas como si no hubiesen sido dichas por otro.
Frases célebres sobre: dich. [Página 28]
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Dichoso aquél que recuerda con agrado a sus antepasados, que gustosamente habla de sus acciones y de su grandeza y que serenamente se alegra viéndose al final de tan hermosa fila.
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La dicha más hermosa del hombre que piensa es haber escrutado lo escrutable y venerar serenamente lo inescrutable.
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La esperanza es la segunda alma del desdichado.
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Un recuerdo de amor se parece al amor, es también una dicha.
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Sólo pueden ser dichosas las almas enamoradas.
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Más dichoso es mendigo sano, que rey enfermo
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La dicha está donde la encuentras, muy rara vez donde la buscas.
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¿La cuestión de la fe? Me la planteo todos los días, sin cesar. He dicho no. He dicho no a Dios, si se me permite expresarme de esta manera brutal; pero la cuestión se replantea a cada instante. Estoy obsesionado, digámoslo claramente, obsesionado, si no
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No existe para el hombre más que una verdadera desdicha: incurrir en falta y tener motivo de censura contra sí..
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Horace o Boileau han dicho tal cosa delante de ti. - ¿Puedo tomar su palabra para ella, pero lo he utilizado como la mía. Es posible que no tengo el mismo pensamiento correcto después de ellos, como otros pueden tener tras de mí?
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Llegamos demasiado tarde para decir cualquier cosa que no haya sido dicho ya.
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Quien dice que no es dichoso, podría serlo por la dicha de su prójimo si la envidia no le quitara este último recurso.
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Conviene reír sin esperar a ser dichoso, no sea que nos sorprenda la muerte sin haber reído.
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Es una falta pesada no darse cuenta de la propia dicha.
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Lo que el hombre decide y ejecuta conscientemente no significa nada, mientras que lo que nosotros hacemos sin querer queda detrás de nosotros y nos persigue, o mejor dicho, nosotros corremos delante.
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Nadie acepta ya que las cosas pasan a veces sin que haya un culpable, o que existe la mala suerte, o que las personas se tuercen y se echan a perder y se buscan ellas solas la desdicha o la ruina.
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Te he dicho que he perdido la fe contestó Stephen pero no que haya perdido el respeto a mí mismo. ¿Qué clase de liberación sería esa de abandonar un absurdo que es lógico y coherente para abrazar otro ilógico e incoherente?
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¿Qué hay en un nombre? Eso es lo que nos preguntamos en la niñez cuando escribimos el nombre que nos han dicho es el nuestro.
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Aquí no pasa nada; mejor dicho, pasan tantas cosas juntas al mismo tiempo que es mejor decir que no pasa nada.