Coraje. Comenzando la jornada con esta palabra, y siguiendo con la fe en Dios, llegarás hasta donde necesitas.
Frases célebres sobre: dio. [Página 185]
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Dios es el mismo, aunque tenga mil nombres; pero tienes que escoger uno para llamarlo
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El señor escucha las preces de los que piden para olvidar el odio. Pero está sordo para los que quieren huir del amor.
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No ofrezcas a dios sólo el dolor de tus penitencias, ofrécele también tus alegrías.
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El gesto del profesor valió más que la propia nota de diez que le dio a mi redacción. El gesto del profesor me daba una confianza aún obviamente desconfiada de que era posible trabajar y producir. De que era posible confiar en mí, pero que sería tan equiv
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Hay momentos en los que Dios exige obediencia, pero hay momentos en los que desea probar nuestra voluntad y nos desafía a entender su amor
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Dios juzga al árbol por sus frutos, y no por sus raíces
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Dios creó el desierto para que el hombre pudiera sonreir al ver las palmeras
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Todos los días Dios nos da, junto con el sol, un momento en el que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices
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Las decisiones de Dios son misteriosas, pero siempre a nuestro favor
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Todos los días Dios nos da un momento en que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. El instante mágico es el momento en que un sí o un no pueden cambiar toda nuestra existencia.
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Para los que no tenemos religión, nuestro Dios es el trabajo.
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El fanatismo aparece donde un genio se rodea con un manojo entero de idiotas.
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Incluso un ateo puede estar de acuerdo en que un buen vino es la bebida de los dioses.
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En este idioma, el alemán, procuré escribir poesía. Sólo para hablar, orientarme, inquirir, imaginar la realidad.
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Oyes que llueve y pensas, también esta vez será Dios.
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No conocía un solo sacerdote. No tenía un solo amigo católico. ... Pero el gran libro que se me abrió y en el que hice mis estudios, fue la Iglesia. ¡Sea eternamente alabada esta Madre grande y majestuosa, en cuyo regazo lo he aprendido todo!
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Los dioses facilitan el primer verso; los demás, los hace el poeta.
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Incluso este París fastidioso y enfermo parece acoger a los jóvenes soles, y como con un inmenso abrazo tiende los mil brazos de sus tejados colorados.
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Tú crees en un vago y quimérico Dios, o en un santo especial, y, para curar males, en alguna oración. Más yo creo en las horas azules y rosadas que tú a mí me procuras y en voluptuosidades de hermosas noches blancas. Y tan profunda es mi fe y tanto eres p