Los hombres se crean sus dioses a su propia semejanza.
Frases célebres sobre: dioses. [Página 13]
Hay un total de 278 freses célebres sobre "dioses" este sitio web. [Página 13]
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El que se erige en juez de la verdad y el conocimiento es desalentado por las carcajadas de los dioses.
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El que se erige en Juez de la Verdad y del Conocimiento es anonadado por la carcajada de los dioses.
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Princeton es un lugar pequeño y maravilloso, una localidad original y maravillosa, llena de mezquinos semidioses con zancos
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En el imperio de la verdad no cabe ninguna autoridad humana. El que allí intente hacer valer su autoridad, se estrellará contra las carcajadas de los dioses
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Orfeo era humano, pero tocaba como un dios, y eso le hizo perder parte de su humanidad y convertirse en semidivino. Lo único que importaba era el tono perfecto, la nota última. Y entonces, como debe sucederles a todos los dioses, él... Se enamoró y volvió
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Pudor: el terror sagrado ante el más cruel de los dioses.
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¿Qué nos queda, qué queda al destino si no viven nuestros hijos, si no son dioses en nuestro corazón y en nuestra mente? Ellos lo son todo, toda la belleza, toda la verdad, toda la esperanza. Por eso estoy seguro de que festejáis conmigo el nacimiento de
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Si la muerte fuera un bien, los dioses no serían inmortales
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Poco sé de dioses, pero creo que el río es un fuerte dios oscuro -hosco, indómito, intratable.
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Todo está lleno de dioses
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Todas las cosas están llenas de dioses.
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Así, en la tragedia, el pagano comprende que es mejor que sus dioses, y justamente tal conocimiento lo deja enmudecido, sin palabras.
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Los dioses no regalan grandezas. Nada verdaderamente grande se obtiene gratis.
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Lo que define al ateísmo es la reducción del hecho religioso al hecho humano: son los hombres los que han creado a los dioses
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Seremos como dioses. Donaremos a los hombres milagros estupendos, deliciosas bellezas, divinas mentiras, les regalaremos la convicción de un futuro tan extraordinario, que todas las promesas de los sacerdotes serán pálidas frente a la realidad del prodigi
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En el campo -seguía pensando-, los dioses se acercan a los hombres, uno es algo y vive su vida; no obstante, en la ciudad, donde tienen lugar miles de acontecimientos más, nadie es ya capaz de relacionarse con ellos: así comienza la célebre abstracción de
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La mujer es un manjar digno de los dioses cuando no lo guisa el diablo.
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La mujer es un manjar digno de dioses, cuando no lo cocina el diablo.
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Cuando las doncellas ruegan, los hombres otorgan con gesto de dioses.