La excesiva libertad es base de muchos errores, y la senda del deber, mientras más estrecha, más segura
Frases célebres sobre: echa. [Página 33]
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Se echa en cara a la juventud el creer que el mundo empieza con ella. Cierto. Pero la vejez cree aún más a menudo que el mundo acaba con ella. ¿Qué es peor?
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Cuando lucho, mi horizonte se estrecha y pierdo oportunidades. Si me aferró, me niego a lo nuevo.
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Los adversarios, los enemigos del país no descansan, ni descansarán, en la intriga y en tratar de dividir sobre todo aprovechando circunstancias como estas, entonces ¿cual es nuestra respuesta? Unidad, Unidad y más unidad esa debe ser nuestra divisa.
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El amor no es lo primero en la vida, sino lo segundo. Es un lecho en el que acuesta uno su corazón para relajarlo. Y uno no puede pasarse todo el día echado.
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La mujer del César debe estar por encima de toda sospecha
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Si. Mis ojos tus ojos rechazan el lenguaje más férvido es mudo...Es inútil, evita el saludo, pues tus manos, tus manos me abrazan.
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El trazado del ferrocarril obedecía los caprichos de la sierra, yendo unas veces adherido a las faldas de la montaña, otras suspendido sobre los precipicios, evitando los ángulos bruscos por medio de curvas atrevidas, penetrando en gargantas estrechas,
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La injusticia hecha a uno sólo es una amenaza dirigida a todos.
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No encares este mundo con temor y rechazo. Afronta con valor todo lo que los dioses te ofrecen.
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La razón es una olla de dos asas: lo mismo puede cogerse por la derecha que por la izquierda.
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Máxima admirable: no hablar de las cosas hasta después de que estén hechas.
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Una injusticia hecha al individuo es una amenaza hecha a toda la sociedad.
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Oponerse directamente a las opiniones es el medio de echarlo todo a perder.
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La muerte es el remedio de todos los males; pero no debemos echar mano de éste hasta última hora.
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Lo primero que hace una mujer cuando quiere que un hombre la alcance es echar a correr
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Tartufo conoce a quien engaña, aprovechase ofuscándole con cien apariencias y con su hipocresía le saca sumas a toda hora, adquiriendo además el derecho de censurarnos a todos.
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Entiéndelo, tengo que comer, pagar facturas, comprarme ropa, echar gasolina... ¡Cerrarte la boca!
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Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.
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De fuera vendrá quien de casa te echará.