Las más grandes penas son aquellas que nos causamos nosotros mismos.
Frases célebres sobre: ell. [Página 359]
Hay un total de 7544 freses célebres sobre "ell" este sitio web. [Página 359]
-
-
¡Ay, ay: terrible es el saber cuando el que sabe de ello no aprovecha!
-
No tengas prisa en buscar nuevos amigos, pero una vez encontrados no tengas prisa en deshacerte de ellos
-
Pon a tus palabras el sello del silencio, y al silencio el de la oportunidad
-
El más bello de los trabajos es ser útil a los otros en lo que uno tiene y en lo que uno puede.
-
No hay desgracia mayor que la anarquía: ella destruye los estados, conmociona y revuelve las familias.
-
El cielo nunca le ayudará a aquellas personas que no actúan.
-
Los que en realidad aman la vida son aquellos que están envejeciendo.
-
Preferid, entre los amigos, no sólo aquellos que se entristecen con la noticia de cualquier desventura vuestra, sino más aún a los que en vuestra prosperidad no os envidian.
-
El malo lo es por ignorancia, y por tanto se cura de ello con la sabiduría
-
Los hombres buenos y bellos se conquistan con gentilezas.
-
La belleza es un reino muy corto.
-
Ella lo miró. No hagas caso, cariño. Sólo ven conmigo, haz lo que yo te diga y no te pasará nada.
-
Aquellos que están en guerra con otros, no están en paz con ellos mismos.
-
El esturión no encontró nunca refugio más bello para sus crías que las sanas entrañas de ella.
-
Lo importante en ciencia no es tanto obtener nuevos hechos como descubrir nuevas formas de pensar sobre ellos.
-
Aquello que se considera ceguera del destino es en realidad miopía propia.
-
Es la función de todo comandante aquella de hacerse odiar por sus soldados, para que cuando acometan una orden en batalla la ejecuten con todo ese odio que reservan para ti, el odio extremo que les lleva a matar... Pero nunca pude imaginar que se pudiera
-
Pasó un mes antes de que la gestalt de drogas y tensión en la que él se movía convirtiera aquellos ojos perpetuamente asustados en pozos de reflexiva necesidad. Vio cómo ella se fragmentaba, se quebraba como un iceberg, y cómo los trozos se alejaban a la
-
En los bares que frecuentaba como vaquero estrella, la actitud distinguida implicaba un cierto y desafectado desdén por el cuerpo. El cuerpo era carne. Case cayó en la prisión de su propia carne.