El amor empieza por amor; de la más estrecha amistad no se puede pasar sino a un amor muy débil.
Frases célebres sobre: emp. [Página 377]
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Un hombre discreto ni se deja dirigir ni pretende gobernar a los demás; sólo quiere que la razón impere exclusivamente y siempre.
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El tiempo, que fortalece la amistad, el amor se debilita.
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Es empresa vana tratar de ridiculizar a un necio rico: las carcajadas están de su parte.
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Los que emplean mal su tiempo son los primeros en quejarse de su brevedad.
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La mayoría de los hombres emplean la primera parte de la vida en hacer miserable el resto de ella.
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Casi siempre la burla arguye pobreza de espíritu.
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La envidia y el odio van siempre unidos. Se fortalecen recíprocamente por el hecho de perseguir el mismo objeto.
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La ficción nunca es pura y la invención novelesca siempre es alimentada por la experiencia, ya se trate de la experiencia cotidiana o de hechos que se pueden encontrar en la vida, en la prensa y que uno siente el deseo de metamorfosear un poco en el marco
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La vida es corta y enojosa, transcurre deseando siempre
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El amor nace súbitamente, sin más pensar, por temperamento o por debilidad, un rasgo de belleza nos detiene y nos decide. La amistad, por el contrario, se forma poco a poco, con el tiempo, por la práctica, por un largo trato
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Hay personas que empiezan a hablar un momento antes de haber pensado.
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La mayoría de los hombres emplean la primera mitad de su vida en hacer miserable la otra media
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Los mismos temas siempre vuelven a aparecer, volvemos a caer en los mismos temas una y otra vez. El autor está condenado a ello, es desesperante.
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Vivir en París desde hace cuarenta años me ha marcado, sin duda. Desde mi primer libro, y en todos los siguientes, París siempre ha estado muy presente.
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No le gusta el deporte, máxime porque su padre le transmitió su propia antipatía por el ejercicio físico, el cual no es a sus ojos sino una pura pérdida de tiempo y sobre todo de dinero.
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Emil podría estar satisfecho de sí mismo pero, como siempre, no lo está. Todo eso le ha recordado que debe correr más rápido, organizar mejor sus fuerzas, reservar la energía para el final y, sobre todo, estudiar con atención la táctica de sus adversarios
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Al mismo tiempo, me apretó el brazo, y lo sentí quemarse hasta el hueso. Entonces me desvanecí. No sé por cuánto tiempo permanecí en aquel estado. Por fin me desperté y oí que salmodiaban cerca de mí. Abrí los ojos y vi que estaba en medio de vastas ruina
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Quise gritar, pero no pude proferir ningún sonido. Esto duró algún tiempo. Por fin un reloj dio las doce, e inmediatamente vi entrar a un demonio con cuernos de fuego y una gran cola inflamada llevada por algunos diablillos que lo seguían. Ese demonio ten
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No podría decirte qué momento, qué lugar, qué mirada o qué palabra sirvieron de base. Hace ya demasiado tiempo. Lo que sí sé decirte es que para cuando me di cuenta ya estaba metido hasta el cuello.