La providencia divina es, en efecto, la sabíduria según una potencia infinita, que realiza sus fines, esto es, el fin último, absoluto y racional del mundo. La razón es el pensamiento, el nous, que se determina a sí mismo con entera libertad.
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La pertenencia al Estado es uno de los mayores deberes posibles que cabe asumir al individuo.
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La razón descansa y tiene su fin en sí misma; se da la existencia y se explana por sí misma. Biblioteca Universal. Filosofía. Colección dirigida por Emilio Lledó en colaboración con Miguel Angel Granada. Depósito legal: B.610-1996. ISBN 84-226-5474-I. Nº
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... la razón rige el mundo y de que por tanto, también la historia universal ha transcurrido racionalmente. Esta convicción y evidencia es un supuesto, con respecto a la historia como tal. En la filosofía empero, no es un supuesto.
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La religión y la moralidad, justamente por ser esencias universales, tienen la propiedad de existir en el alma individual con arreglo a su concepto, o sea, verdaderamente; aunque no hayan sido en ella empleadas por la educación y aplicación a formas más d
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La sustancia del espíritu es la libertad. Su fin en el proceso histórico queda indicado con esto: es la libertad del sujeto; es que éste tenga su conciencia moral y su moralidad, que se proponga fines universales y los haga valer; que el sujeto tenga un v
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Las castas no son rígidas, sino que están en lucha y en contacto unas con otras; y asistimos con frecuencia a resistencias y desaparaciones de castas.
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Las diferencias de clases son universales.
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Las leyes y los principios no viven ni prevalecen inmediatamente por sí mismos. La actividad que los pone por obra y les da existencia son las necesidades y los impulsos del hombre, como asimismo sus inclinaciones y pasiones.
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Lo concreto, los caminos de la Providencia son los medios, los fenómenos en la historia, los cuales están patentes ante nosotros; y debemos referirlos a aquel principio universal.
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Lo primero que el espíritu sabe de sí. en su forma de individuo, es que siente. Aquí todavía no hay ninguna objetividad. Nos encontramos determinados de este y de aquel modo.
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Lo que la experiencia y la historia enseñan es que los pueblos y los gobiernos jamás han aprendido algo de la historia ni han actuado según las lecciones que hubieran tenido que sacarse de ella.
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Lo que se tiene en el sentimiento es completamente subjetivo, y sólo existe de un modo subjetivo. El que dice: yo siento así, se ha encerrado en sí mismo.
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Lo que sólo es en sí, constituye una posibilidad, una potencia; pero no ha pasado todavía de la interioridad a la existencia.
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Lo verdadero es algo en sí universal, esencial, sustancial; y lo que es así, sólo existe en y para el pensamiento. Pero lo espiritual, lo que llamamos Dios, es precisamente la verdad verdaderamente sustancial y en sí esencialmente individual, subjetiva.
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Los hombres oponen a la existencia la noción de lo que debe ser, de lo que es justo en la cosa. Lo que demanda aquí satisfacción no es el interés particular, ni la pasión, sino la razón, el derecho, la libertad.
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Pero el hombre no es independiente, porque el movimiento comience en él, sino porque puede inhibir el movimiento. rompe, pues, su propia espontaneidad y naturalidad.
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Pero la circunstancia y diferencia esencial consiste en quiénes sean estos individuos. Estos individuos sólo tienen absoluta justificación mientras su voluntad siga siendo la voluntad objetiva.
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Por lo cual, el estado de naturaleza es más bien el estado de la injusticia, de la violencia, del impulso natural desatado, de los hechos y los sentimientos inhumanos.
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Por cuanto Dios es omnipotente, está en todos los hombres y aparece en la conciencia de cada uno; y éste es el espíritu universal.