Nada es más contrario a la curación que el cambiar frecuentemente de remedios.
Frases célebres sobre: ente. [Página 1012]
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Una voluntad enérgica es el alma de todos los caracteres. Donde ella se encuentra hay vida; donde ella no existe, únicamente hay debilidad, impotencia y desaliento
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El éxito resulta de la lucha contra los obstáculos. Sin obstáculos no hay verdadero éxito. En la necesidad del esfuerzo hallamos la fuente principal del progreso de las naciones y de los individuos.
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Mi nacimiento no me vincula a un único rincón. El mundo entero es mi patria.
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Siempre es peor al día siguiente.
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No hay espiritu perfectamente conformado si le falta sentido del humor.
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El único y verdadero espíritu de tolerancia consiste en tolerar conscientemente la mutua intolerancia
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Por medio de la justicia, la verdad se cierne sobre las ruinas de las opiniones que antiguamente gobernaban el mundo.
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Verdaderamente es venerable aquella ancianidad que no por las canas, sino por los méritos, blanquea.
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No busco, en efecto, entender para creer, sino que creo para entender. Pues creo esto, porque si no creyere, no entendería.
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Nada puede hacerme daño excepto yo mismo; el mal que me agobia lo llevo conmigo y jamás sufro realmente sino por mi culpa
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El alma que se inquieta por el porvenir es grandemente desgraciada
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Nunca hizo rico al hombre el dinero, porque solamente le sirve para aumentar su codicia
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Compra solamente lo necesario, no lo conveniente. Lo innecesario, aunque cueste un solo céntimo, es caro
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Se paciente con todo el mundo; pero sobre todo contigo mismo.
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Cuando un hombre sabe que será ahorcado en dos semanas, concentra su mente asombrosamente.
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La causa más frecuente de la timidez es una opinión excesiva de nuestra propia importancia
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La mayoría de los hombres siente un poderoso y activo prejuicio en favor de su propia vocación
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La superioridad de algunos hombres es meramente local. Son grandes porque sus asociados son pequeños.
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Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción