Es preciso vigilar los deseos del cuerpo, pues el cuerpo pide placeres vanos, efímeros y deplorables, que si no se regulan con gran moderación irán a parar a la sensación opuesta.
Frases célebres sobre: ere. [Página 524]
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Merecen elogio los hombres que en sí mismos hallaron el ímpetu y subieron en hombros de sí mismos.
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Las mujeres no son tal cual, sino tal como.
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El poeta que escribe muere para nacer en el poeta que lee.
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Para alcanzar las estrellas sonda el cisne la laguna; en el mar de los amores yo soy cisne y tú eres luna.
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Motive a sus colaboradores. Dinero y prosperidad apenas no bastan. Constantemente, día a día, piense en nuevas maneras y más interesantes de motivar y desafiar a sus colaboradores
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Si todos los seres humanos viviéramos enamorados, hasta el mismo veneno de las víboras desaparecería.
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Los bandidos te piden la bolsa o la vida; las mujeres exigen ambos
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Hubieras temido ver tu cuerpo sangrante en el éxtasis de aquella ceremonia, el proferimiento de cuyo nombre tan sólo hubiera bastado para hacerte morir de un goce irresistible, de un goce que hubiera trascendido todas las posibilidades de tu cuerpo y que
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La personalidad pública es algo muy diferente a la personalidad íntima. Quizás hay ahí un abismo entre las dos. En público siempre está uno tratando de aparentar algo.
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El jurado tiene el derecho de determinar tanto la ley como los hechos.
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Si quieres darme la muerte tira donde más te agrade, pero no en el corazón porque allí llevo tu imagen.
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En el altar de tu reja digo una misa de amor, tú eres la virgen divina y el sacerdote soy yo.
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Aprendí administración de las hormigas; música, oyendo los aguaceros; escultura buscando parecido a los seres en las líneas de las rocas; color, en la luz; poesía, en toda la naturaleza.
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Comunique todo lo que fuese posible a sus colaboradores. Cuanto más sepan ellos, más comprenderán. Cuanto más comprendan, más se interesarán. Cuanto más se interesen no van a parar
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Supera las expectativas de tus consumidores. Dales lo que quieren y un poco más
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Porque no saber nada no es nada, no querer saber nada tampoco, pero lo que es no poder saber nada, saber que no se puede saber nada, este es el estado de la perfecta paz en el alma del negligente pesquisidor.
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Las lágrimas corren por mis mejillas sin que experimente la necesidad de entornar los ojos. ¿Qué me hace llorar así? De tanto en tanto. No hay nada aquí que pueda entristecer. Tal vez se trate de cerebro licuado. En todo caso, la felicidad pasada se me ha
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Deplorable manía, cuando ocurre algo, querer saber qué es.
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No exite pasión más poderosa que la pasión de la pereza.