Delfines, jugáis en el mar, Pero las olas son amargas. ¿A veces brota mi alegría? La vida es siempre despiadada.
Frases célebres sobre: esp. [Página 291]
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Conozco a centenares de maridos que serían felices de volver al hogar si no hubiese una esposa esperándoles.
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Una mañana me desperté y maté a un elefante en pijama. Me pregunto cómo pudo ponerse mi pijama
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Sólo hay una forma de saber si un hombre es honesto: preguntárselo. Y si responde sí, entonces sabes que está corrupto.
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Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente.
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El tedio es la peor de las enfermedades, porque es la única que nos permite seguir viviendo después de muertos.
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Ojalá nunca llegues a sentir que conoces todas las respuestas.
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Tenemos que pensar un plan favorable, pero como yo pienso muy despacio necesitaré todo el día.
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En la industria cinematográfica todos sabemos que detrás de cada guionista de éxito hay una mujer. Y que detrás de esta mujer está la esposa
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Una mañana me desperté y le disparé a un elefante en pijama. ¿Cómo se metió en mi pijama? Nunca lo sabré.
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¿Quién te bebe así y quién te reconoció en tu eternidad de placer y tristeza? ¿Esperas al dios? Espérame.
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¿Han amado alguna vez fuera de la cama ardiendo, consumidos, sedientos de desierto, después de un zumo de melocotón que viene de una boca lejana, sucumbiendo, ahogándose en la incompatibilidad de las almas?
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Ambos se dañan a sí mismos: el que promete demasiado y el que espera demasiado.
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¡Pueblo! despiértate en la Esperanza.
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El cómics es un medio muy especializado de arte, donde habitan muchas cosas raras, talento e imaginación.
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Él es mi amigo más querido y el más cruel de mis rivales, mi confidente y el que me traiciona, el que me apoya y el que de mí depende; y lo más espantoso de todo: es mi igual.
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Mas vale caer de espaldas que de rodillas
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Los celos personales, el resentimiento del gazmoño contra el primo despreocupado, del tonto contra el muchacho despabilado, se disimulaban con argumentaciones políticas.
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Dios me hizo rey y el destino, que está en las manos de Dios, me envió a ese país: no soy más responsable, pues, de la muerte de esos sarracenos que ellos de mi nacimiento.
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La ruborosa cara del cielo despierta el oasis para el nómada amor.