Los títulos diferencian a los mediocres, embarazan a los inferiores y son desprestigiados por los superiores
Frases célebres sobre: esp. [Página 441]
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Una coqueta es una mujer que despierta pasiones que no tiene el propósito de gratificar
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Un hombre de mi intensidad espiritual no come cadáveres
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Es fácil, terriblemente fácil, hacer tambalear la confianza de un hombre en sí mismo. Aprovecharse de esta ventaja para conmover el espíritu de una persona es una labor diabólica.
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Concede a tu espíritu el hábito de la duda, y a tu corazón, el de la tolerancia.
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Basta saber que aquesta tan sencilla y tan pura amistad quiso mi hado en diferente especie convertilla, en un amor tan fuerte y tan sobrado, y en un desasosiego no creíble, tal que no me conozco de trocado.
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El sol tiende los rayos de su lumbre por montes y por valles, despertando las aves y animales y la gente: cuál por el aire claro va volando, cuál por el verde valle o alta cumbre paciendo va segura y libremente.
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Es muy fácil ser respetable cuando no se puede ser otra cosa.
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Es muy fácil ser respetable cuando no se tiene oportunidad de ser otra cosa
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No busquemos solemnes definiciones de la libertad. Ella es sólo esto: Responsabilidad.
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Libertad significa responsabilidad; por eso le tienen tanto miedo la mayoría de los hombres
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No hay beso que no sea principio de despedida; incluso el de llegada.
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Algunos de los mejores regalos de Dios son las plegarias sin respuesta.
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Mas no es bien que de ti espere mayor venganza, que ver que te cases con mujer que por interés te quiere.
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Cuando se presenta a la cultura científica, el espíritu no es nunca joven. Es incluso muy viejo, pues tiene la edad de sus prejuicios.
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¡Usted no me quiere ni me ha querido nunca! ... ¿Por qué entonces con su actitud, con la alegría de su mirada, con su mismo silencio me permitió usted concebir todas las esperanzas?
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Un ex amigo me preguntó si al crear a Mortadelo me estaba mirando al espejo.
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Hace bastantes años no aparecían mujeres en las historietas. Cuando los censores veían una, le empezaban a recortar las curvas hasta dejarla como un espárrago cabezón.
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Nuestro deseo, nuestra voluntad de saber, deben ser para ella un suplicio más. ¿Quién nos asegura que, si nos enteramos, el hecho de conocer su misterio no sea el comienzo de un drama más espantoso que los que ya se produjeron aquí?
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No hablaba con nadie. No sonreía nunca. Parecía adorar la música, puesto que asistía a todos los espectáculos de música y, sin embargo, no se entusiasmaba, no aplaudía, no se exaltaba nunca.