La primera ley de la amistad es pedir a los amigos cosas honradas; y sólo cosas honradas hacer por ellos.
Frases célebres sobre: gos. [Página 50]
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Este es el primer precepto de la amistad; pedir a los amigos sólo lo honesto, y hacer por ellos sólo lo honesto.
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La amistad es pedir a los amigos hacer cosas honestas, y solo cosas honestas hacer por ellos.
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Todas las acciones cumplidas sin ostentación y sin testigos me parecen más loables.
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No solamente es ciega la fortuna, sino que de ordinario vuelve también ciegos a aquellos a quienes acaricia.
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La pérdida de nuestras fuerzas es debida más bien a los vicios de la juventud, que a los estragos de los años.
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El don más noble y excelente que el cielo ha concedido al hombre es la razón, y entre todos los enemigos con los que la razón tiene que luchar, el placer es el más importante.
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Los amigos de la hora presente son como los melones: hay que probar cincuenta antes de encontrar uno bueno
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Los amigos son como los melones: hay que probar cincuenta para hallar uno bueno.
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Las doctrinas políticas no se combaten ni desvirtúan con castigos.
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Tengo pocos amigos, ¡pero cuánta amistad tengo!
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Nuestra patria es una, empieza en el Río Grande, y va a parar en los montes fangosos de la Patagonia.
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Cuando se sirve bien a la patria, se tienen en todas partes muchos amigos viejos.
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El mundo es fuerte y bello por los amigos.
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Es hermoso que los padres lleguen a ser amigos de sus hijos, desvaneciéndoles todo temor, pero inspirándoles un gran respeto.
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La vulgaridad es el aguafuerte de la mediocridad. En la ostentación de lo mediocre reside la psicología de lo vulgar; basta insistir en los rasgos suaves de la acuarela para tener el aguafuerte.
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Cada cultura ha tenido su referente: los griegos, el hombre; La Edad Media, Dios; ahora, el dinero. Para mí, el referente es la vida. Hemos recibido una vida y vamos a vivirla hasta el final.
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¿Para qué hemos de vivir, siempre tristes, mendigos y esclavos? ¿Para qué vivimos, Bayaceto, y para qué construimos antes nidos tan altos, si hemos de vivir largamente en esta opresión donde todos nos ven y escarnecen los antiguos triunfos de nuestro pode
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Las vecinas y los amigos no esperaron a que les llamasen para ir a casa de la recién casada, pues grandes eran sus deseos de verlo todo, que no se atrevieron a realizar estando el marido, porque su barba azul les espantaba.
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Todos los santos, de Mahoma a Francisco Javier, no han sido sino una mezcla de locura, orgullo y autodisciplina; esto último podía haber tenido mucha menos trascendencia, pero esos hombres se vengaron siempre de sus propios castigos imponiendo los máximos