Conocer las cosas que lo hacen a uno desgraciado, ya es una especie de felicidad.
Frases célebres sobre: gracia. [Página 22]
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Es preciso estar siempre presto a declarar la guerra, para que no nos veamos obligados a la desgracia de tener que aceptarla.
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La adulación es una moneda falsa que tiene curso gracias solo a nuestra vanidad.
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Nadie es tan feliz ni tan desgraciado como él mismo se imagina
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La felicidad y la desgracia acuden ordinariamente a los seres que ya son felices y desgraciados
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Oh, Dios, dame la gracia para este día. No es para toda la vida, ni la semana que viene, ni para mañana, sólo para el día de hoy. Dirige mis pensamientos y bendice dirigir mi trabajo... Así que para este día, sólo este día, yo tengo el don de la gracia qu
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Gracias Dios, por la dignidad y la belleza de uno mismo. Por la presiocidad de ser innatos. La única cosa que no puede ser tomado de nosotros. La única cosa que realmente cuenta
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Todos tenemos la fortaleza suficiente para soportar las desgracias ajenas.
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Si un hombre ha nacido con un carácter no dotado para la felicidad, nada le puede hacer feliz. Si ha nacido para ser feliz, nada le puede hacer desgraciado
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Nunca sabréis quiénes son vuestros amigos hasta que caigáis en desgracia
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Toda hora perdida en la juventud es una probabilidad de desgracia en el porvenir.
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Hay que abandonar el precepto tradicional de alargar la vida lo más posible. Lo que importa no es la longitud, sino la calidad. Alargar una vida desgraciada, de dolor, es cruel.
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Hay que formar cerebros porque solamente el cerebro bien formado puede, no solamente usar la técnica existente, sino mejorarla con ideas nuevas y originales gracias a su curiosidad y a que está investigando. Si se insiste con la misma información a la gen
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El recuerdo de aquel día me invita a acallar tu desgracia con mi canto. El lamento que ahora te ofrezco fue un día mi propio lamento.
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¿Quién abrió una ruta por el mar virgen y fuera del alcance de los desgraciados mortales, quién exiló hacia las olas a los piadosos hijos de la tierra firme y los arrojó al voraz piélago, con audaz inventiva?
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Dicen que soy horroroso: por la lisonja, mil gracias: mira tú mi corazón y prescinde de mi cara.
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Una vez llegada la desgracia, de nada sirve quejarse.
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Los verdaderos amigos se encuentran en las desgracias.
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Acusar a los demás de nuestras propias desgracias es consecuencia de nuestra ignorancia; acusarse a sí mismo es comenzar a entenderse, no acusar ni a otros ni a sí, esa es la verdadera sabiduría.
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Vale más ser desgraciado y racional que feliz y falto de razón.