Todo hombre es una divinidad disfrazada, un dios haciéndose el tonto.
Frases célebres sobre: homb. [Página 39]
Hay un total de 8407 freses célebres sobre "homb" este sitio web. [Página 39]
-
-
A los hombres de carácter les gusta oír hablar de sus faltas, a los otros no.
-
El hombre es un pedazo del universo hecho vida.
-
El motivo del hombre es uno mismo, no el añadir un trabajador al Estado.
-
El talento absorbe la sustancia del hombre.
-
El talento solo no basta para hacer un escritor. Detrás del libro debe haber un hombre.
-
La clave para llegar a cada hombre, es su pensamiento. Firme y desafiante, él tiene un timón al que obedece, el cual es el ideal por el que todos los hechos se determinan. La única manera de cambiarle de parecer es mostrarle un ideal que supere al suyo.
-
La mayor valía de la vida y el pináculo de la fortuna de un hombre es haber nacido con vocación hacia un estado cuyo logro colme su dicha.
-
Lo trágico de la guerra es que echa mano de lo mejor del hombre para emplearlo en la peor de las obras humanas: destruir.
-
Los hombres grandes son aquellos que sienten que lo espiritual es más poderoso que cualquier fuerza material, y que son las ideas las que rigen el mundo.
-
Si quieres saber cómo trata un hombre a su mujer y a sus hijos, mira cómo trata sus libros.
-
Todos los hombres que emprenden una obra son víctimas y esclavos de sus actos.
-
Todos los hombres que conozco son superiores a mí en algún sentido. En ese sentido aprendo de ellos.
-
Todos los hombres virtuosos profesan la misma religión.
-
Se supone que soy el soldado que nunca pierde la compostura aunque soporte todo el peso del mundo en mis hombros.
-
Yo soy un hombre que ocupa camisetas ahora, pero los 'wifebeaters' no pasan de moda. No tanto como mantener perras fanfarroneando.
-
Quizás cometí errores en el pasado porque sólo soy humano, pero soy lo bastante hombre para plantarles cara ahora.
-
La escuela será escuela cuando el hombre será hombre y el Estado, Estado.
-
La religión no es más que un reflejo fantástico, en las cabezas de los hombres, de los poderes externos que dominan su existencia cotidiana. Un reflejo en el cual las fuerzas terrenas cobran forma de supraterrenas.
-
Cuando sea llegada mi hora, moriré; pero moriré como debe morir un hombre que no hace más que devolver lo que se le confió.