Lo que hace magníficos a los pueblos no es principalmente la altura de sus hombres grandes, sino la de sus innumerables mediocres.
Frases célebres sobre: hombr. [Página 199]
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Todo el que ha conocido algún gran hombre se ha sorprendido de hallar que su alma poseía un halo de puerilidad.
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¿Qué es lo que fija la atención de una mujer en un hombre o de un hombre en una mujer? ¿Qué genero de cualidades otorgan esa ventaja a una persona sobre la fila indiferente de las demás?
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Y en todo hombre o mujer que encontramos, en todo libro que leemos sólo nos interesa conocer cual sea el resultado de su balance vital.
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El hombre rinde el máximo de su capacidad cuando adquiere plena conciencia de sus circunstancias.
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La realidad que llamamos Estado no es la espontánea convivencia de hombres que la consanguinidad ha unido. El Estado empieza cuando se obliga a convivir grupos nativamenmte separados.
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Casi todos los grandes hombres han sido maniáticos, sólo que las consecuencias de su manía, de su idea fija, nos parecen útiles o estimables.
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Una buena parte de los hombres no tienen más vida interior que la de sus palabras, y sus sentimientos se reducen a una existencia oral
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La mayor parte de los hombres tiene una capacidad intelectual muy superior al ejercicio que hacen de ella.
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Lo que más vale en el hombre es su capacidad de insatisfacción.
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El hombre es el ser que necesita absolutamente de la verdad y, al revés, la verdad es lo único que esencialmente necesita el hombre, su única necesidad incondicional.
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Así por sus altos fines dispone y permite el cielo que puedan mudar al hombre fortuna, poder y tiempo.
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Llegar al cielo es el deseo de todo hombre justo.
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La historia de los hombres es la historia de sus desencuentros con Dios, ni él nos entiende a nosotros ni nosotros lo entendemos a él.
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... una mujer nunca lo olvida, no es como los hombres, a los que todo les escurre por la piel.
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Ser fiel a Dios exige lucha. Y lucha cuerpo a cuerpo, hombre a hombre.
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Sed hombres y mujeres del mundo, pero no seáis hombres o mujeres mundanos.
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La fotografía no cambia. Pero los semblantes de los hombres sí, lo adivino.
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Y cuando hubo anochecido, y a aquella noche le siguieron otras, y el hombre desesperó al cabo de que el perro volviera, sintió que el alma se le partía en dos o que se quedaba sin alma. Jamás se había detenido a pensar en lo inauditas que son las noches;
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¡Cuán crueles y vanos son los hombres! ¿Por qué nos asesinan? ¿Por qué nos comen? ¿Qué daño les he hecho yo, por ejemplo? ¿Qué grave trastorno o qué perjuicio irreparable les he ocasionado? Les he dado huevos frescos, cría; los he recreado con mi canto; l