Las malas leyes hallarán siempre, y contribuirán a formar, hombres peores que ellas, encargados de ejecutarlas.
Frases célebres sobre: hombre. [Página 211]
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Mi poesía consistirá, sólo, en atacar por todos los medios al hombre, esa bestia salvaje, y al Creador, que no hubiera debido engendrar semejante basura
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Sepulturero, es hermoso contemplar las ruinas de las ciudades, pero es más hermoso todavía contemplar las ruinas de los hombres.
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Más importante es dar a los hombres buenas costumbres que leyes y tribunales.
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El culpable no sólo es un hombre malo, sino un mal calculador
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Las invenciones de los hombres van en aumento. La bondad, la malicia del mundo en general, no sigue siendo la misma.
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El hombre es el vencedor de las quimeras, la novedad de mañana, la regularidad de la que el caos se queja, el tema de la conciliación.
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Viejo océano, tu forma armoniosamente esférica, que alegra la cara grave de la geometría, me recuerda demasiado los ojos pequeños del hombre, similares por su pequeñez a los del jabalí, y a los de las aves nocturnas por la perfección circular de su contor
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Tan grande es el hombre, que su grandeza se revela sobre todo en que no quiere reconocerse miserable. Un árbol no se sabe grande. Ser grande es reconocerse grande. Ser grande es no querer reconocerse miserable. Su grandeza refuta sus miserias. Grandeza de
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La moderación de los grandes hombres sólo limita sus virtudes.
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Nada menos extraño que las contradicciones que se descubren en el hombre.
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Los hombres que no se baten en duelo creen que los que se baten en duelo a muerte son valerosos.
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El recogimiento y la meditación son las primeras potencias del hombre
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He temido siempre indagar a la razón, pero nunca a los hombres.
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El hombre contrae matrimonio con una dote, la mujer con una profesión.
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La educación es una segunda existencia dada al hombre; es la vida moral, tan apreciable como la vida física.
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Todo lo que es difícil de alcanzar es atacado fácilmente por la generalidad de los hombres.
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Los defectos y faltas de los hombres dan a conocer su verdadera valía. Si examinamos con atención las faltas de un hombre, llegaremos a conocer si su bondad es sincera o fingida.
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Cuando empecé a tratar con los hombres, escuchaba sus palabras y confiaba en que sus acciones se ajustarían a las mismas. Ahora, al tratar con los hombres, escucho sus palabras y al propio tiempo observo sus acciones.
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Dificilmente yerra un hombre por exceso de moderación.