Los hombres aman sus vicios y al mismo tiempo los odian.
Frases célebres sobre: hombres. [Página 137]
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Es vulgarísima verdad que, en grado variable, el afán de aprobación y aplauso mueve a todos los hombres...
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Engañar a los hombres de uno en uno es bastante más difícil que engañarlos de mil en mil. Por eso el orador tiene menos mérito que el abogado o el curandero.
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Si fuera cierto que el viajar enseña, los revisores de billetes serían los hombres más sabios del mundo.
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Como hay hombres consagrados de por vida a la defensa de una sola verdad, hay otros votados a un solo error
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Los hombres aprenden mientras enseñan.
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Los hombres guerrean para adquirir un pedazo de tierra donde ser prematuramente enterrados
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Para poder enseñar a todos los hombres a decir la verdad, es preciso que aprendan a oírla.
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Los hombres cuando enseñan, aprenden.
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Los hombres que están decididos a encontrar su camino, siempre encontraran oportunidades y sino las crearán.
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Vive con los hombres como si Dios te mirase; habla con Dios como si los hombres te oyesen.
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Para la mayoría de los hombres, la experiencia es como las luces de popa de un barco, que iluminan sólo el camino que queda a la espalda.
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La mayoría de los hombres siente un poderoso y activo prejuicio en favor de su propia vocación
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La superioridad de algunos hombres es meramente local. Son grandes porque sus asociados son pequeños.
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Los hombres grandes y buenos no mueren ni aun en este mundo. Embalsamados en libros, sus espíritus perdurarán. El libro es una voz viviente. Es una inteligencia que nos habla y que escuchamos.
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Los hombres que han llegado a hacerse célebres y que han influido poderosamente en los destinos de su país, han sido todos grandes trabajadores.
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En la mayoría de los hombres, las dificultades son hijas de la pereza.
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El dinero cae en las manos de algunos hombres como un denario cae en una alcantarilla.
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Tenemos que permanecer en la barca en que estamos mientras dura el trayecto de esta vida a la otra. Y debemos hacerlo de buen grado y con amor; porque, aunque algunas veces no haya sido la mano de Dios la que nos ha puesto allí, sino la de los hombres, un
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Es una práctica de la multitud ladrarle a los grandes hombres, como lo hacen los perros con los extraños.