Los hombres buenos y bellos se conquistan con gentilezas.
Frases célebres sobre: hombres. [Página 132]
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El orgullo divide a los hombres, la humildad los une.
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Si las puertas de la percepción se depurasen, todo aparecería a los hombres como realmente es: infinito. Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna.
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Llega un momento en los asuntos de los hombres en que hay que coger el toro por los cuernos y enfrentarse a la situación.
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Demos gracias a los hombres y a las mujeres que nos hacen felices, ellos son los encantadores jardineros que hacen florecer a nuestros espíritus.
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Cuando los hombres buscan la diversidad viajan.
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La ciudad es un corral de hombres.
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Lejos de lograr la paz, las guerras siempre sirven como aulas y laboratorios donde los hombres, las técnicas y los estados de cuenta se preparan para la próxima guerra.
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Los hombres llegan a ser sabios, así como ricos, más por lo que guardan que por lo que reciben.
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Los hombres son pervertidos no tanto por la riqueza, cuanto por el afán de riqueza
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Los hombres pueden preciarse de escribir honesta y apasionadamente sobre los movimientos de las naciones; pueden pensar que la guerra y la búsqueda de Dios son los únicos temas de la gran literatura; pero si la posición de los hombres en el mundo tambalea
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Sólo entraré para salir de nuevo y volveré a entrar sólo para salir, porque la oscuridad me da miedo como a todos los hombres. Pero ella me dijo: ¡Pues yo he dejado allí la luz encendida!
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La sonrisa es el idioma general de los hombres inteligentes. Sólo son tristes los tontos y los delincuentes.
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La sonrisa es el idioma universal de los hombres inteligentes
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Señor, en la Gloria estamos en crisis, porque en el mundo los hombres están en decadencia... No tienen ambición. No sueñan.
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Los hombres son volubles, y en su inconsistencia puede surgir nuestra gloria.
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Lo que sucede, hijo mío, es que para conseguir la entrada en la Gloria hay que soñarla primero. Y en este siglo XX los hombres sueñan poco. Están ocupadísimos y no tienen tiempo para estas cosas.
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... los hombres siembran sus ideas antes de morir por ellas, y las ideas escapan a la muerte.
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No podemos reflexionar a fondo sobre nosotros mismos -cuidando de rectificar las inexactitudes en que incurre el amor propio- sin alcanzar por ese camino a los demás. Un hombre no conoce de los demás hombres, en definitiva, sino lo que ha aprendido a cono
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No se puede crear nada fuera de nosotros sin antes haberlo creado en nosotros. Lo que los hombres fuera de una minoría que bendigo, no parecen comprender es que no nos interesa en absoluto ocupar su puesto sino ocupar por entero el nuestro, cosa que hasta