Dueños de sus destinos son los hombres. La culpa, querido Bruto, no está en las estrellas, sino en nuestros vicios.
Frases célebres sobre: hombres. [Página 131]
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Hombres, sus derechos y nada más: mujeres, sus derechos y nada menos...
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No puedo decir que la mujer universitaria es la mujer más contenta. Al tener una mente más abierta, ella entiende las condiciones desiguales entre los hombres y las mujeres, bajo un gobierno que las tolera.
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Reúna hombres y mujeres, hábleles despacio y con cariño, ellos empezarán a andar por sí solos. Contemple con amor el mar. Descanse el séptimo día
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No hay marido peor que el mejor de los hombres.
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Las valiosas presas convierten en ladrones a los hombres honrados.
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No era conveniente llevar a los hombres a posiciones desesperadas, porque en aquellos momentos todos podían sacar repentinamente dientes y garras.
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Un profeta verídico, al predecir una inundación, debería ser el primero de los hombres en subirse a un árbol.
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Muchos hombres se enamoran de un hoyuelo y cometen el error de casarse con la chica entera.
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Cuando llegó la noche, las olas blancas iban acompasadamente de acá para allá a la luz de la luna, y el viento trajo a los hombres de la playa el sonido de la gran voz del mar, y ellos sintieron que ahora podían ser sus intérpretes.
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El destino de un hombre puede estar henchido de significado; el de algunos centenares no tanto; pero la historia de miles y millones de hombres nada significa, en el sentido literal del término.
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Aquellos que anuncian que luchan en favor de Dios son siempre los hombres menos pacíficos de la Tierra. Como creen percibir mensajes celestiales, tienen sordos los oídos para toda palabra de humanidad.
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La mentira extiende descaradamente sus alas y la verdad ha sido proscripta; las cloacas están abiertas y los hombres respiran su pestilencia como un perfume.
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Mientras haya hombres necesitados de alegría, hombres que, agotados por la tensión trágica de las pasiones, quieran escuchar la música misteriosa de la poesía que fluye quedamente de las cosas, las novelas de Dickens retornarán también incesantemente.
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Si los hombres no fuéramos vanos, las mujeres nos lo harían ser.
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Para conocer al hombre basta estudiarse a sí mismo; para conocer a los hombres se precisa vivir en medio de ellos.
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Si los hombres no fuéramos vanidosos, las mujeres nos lo harían ser.
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Las almas de todos los hombres son inmortales, pero las almas de los justos son inmortales y divinas.
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Yo también cuando era joven, dejaba la lengua ociosa y hacía obrar a la mano; más ahora, al tocar la realidad, veo que los hombres, la lengua, no el trabajo, es la que todo lo gobierna.
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Si sois prudentes observaréis atentamente a los hombres para que no os oculten lo que piensan.