La humildad es verdad, y la verdad es humildad.
Frases célebres sobre: humil. [Página 9]
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No me preparo a mi vez para convertirme en maestro. No por falta de ambición o porque una persona eminente me humille; sino, porque, como discípulo, me he internado en una vía fecunda cuya progresión basta para colmar mis aspiraciones intelectuales
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La guerra es sin duda, después del claustro, la mayor escuela de humildad
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Los errores personales no son causa de verguenza, lo que realmente humilla es que son vistos por todos.
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La poesía tal vez se realza cantando cosas humildes.
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Quiero vivir y morir en el ejército de los humildes, uniendo mis oraciones a las suyas, con la santa libertad del obediente.
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Hay que buscar la verdad y no la razón de las cosas. Y la verdad se busca con humildad.
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Préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio.
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Vivir con humildad, aprendiendo de todos y de todo, pues siempre habrá una mejor forma de hacer las cosas.
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Al hombre los trabajos le hacen humilde; mas las prosperidades siempre le engríen; pues la riqueza rara vez se separa de la soberbia.
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Trata a la gente humilde con cortesía, que la humildad merece ser atendida: en ello ganas, porque nada te cuesta y ella te ensalza.
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Yo no soy presumido; ¿Pero de qué sirve mi humilde opinión contra la de los espejos?
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Soy una persona muy sencilla. A pesar de todo lo que me ha sucedido en mi vida, he tratado de seguir siendo la persona humilde de mis comienzos.
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Me presento ante ustedes con la humildad que corresponde al primer servidor de la patria
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Han sido para mí motivo de permanente inspiración las lecciones que encierra la arquitectura popular de la provincia mexicana: sus paredes blanqueadas con cal, la tranquilidad de sus patios y huertas, el colorido de sus calles y el humilde señorío de sus
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Con el ceño endurecido desafío fríamente los mil dedos que me señalan, humillando la frente, cual manso buey, sirvo gustoso al niño.
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Raramente nos consolamos de las grandes humillaciones; las olvidamos.
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Sólo muy raramente llegamos a consolarnos de nuestras grandes humillaciones; lo que pasa es que las olvidamos.
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Dios detesta las faltas, porque son faltas. Pero, por otra parte, ama, en cierto sentido, las faltas en cuanto le dan ocasión a Él de mostrar su misericordia y a nosotros de permanecer humildes y de comprender también y compadecer las faltas del prójimo
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Dios se deja conquistar por el humilde y rechaza la arrogancia del soberbio