Dichosos los pueblos cuyos anales son aburridos.
Frases célebres sobre: ich. [Página 25]
Hay un total de 1084 freses célebres sobre "ich" este sitio web. [Página 25]
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Cien veces os he dicho, siendo vos pequeño, que en este mundo la virtud es siempre perseguida. Porque mueren los envidiosos, pero la envidia jamás.
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¿Quién os ha dicho que el blanco es mejor que el negro? La vaca negra y la vaca blanca dan la misma leche de color blanco
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Del dicho al hecho hay mucho trecho.
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Nunca es tarde si la dicha es buena.
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Bicho malo nunca muere.
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La dicha de la fea, la hermosa la desea.
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En este ocaso de mi vida sólo un deseo me queda: la dicha de mi país, la dicha de los míos.
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Tendríamos que pronunciar palabras de fuego contra tales hechos y lo único que nos lo impide es saber que, si habláramos, haríamos todavía más difícil la situación de esos desdichados.
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Nadie puede gozar de una dicha perpetua
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¡Oh, Heracles! Aquí está Sócrates con su acostumbrada ironía; ya les había yo dicho a éstos que tú no querrías contestar, sino que fingirías y acudirías a todo antes que responder, si alguno te preguntaba.
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Precisamente, es característico del filósofo este estado de ánimo: el de la maravilla, pues el principio de la filosofía no es otro, y aquél que ha dicho que Iris la filosofía es hija de Thaumante la maravilla, no ha establecido mal la genealogía
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Los dichos injuriosos parece que nacen de sobrado rencor y sobrada malicia.
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En la arquitectura la materia se desnaturaliza de distintas maneras, y la técnica sobre este punto no ha dicho todavía su última palabra. La rugosidad, la apariencia rústica tipo de material natural debe ser suprimida en la materia.
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FÍGARO- Estaría bien dicho, si fuera posible
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Ya casi no hay hombres buenos ni malos, ni traidores por vocación, ni envenenadores por capricho. Hemos descompuesto al hombre, al conjunto de mentiras y verdades que antes era el hombre y no sabemos recomponerlo. Nos falta el cemento de la fe divina o de
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Una capital, por el contrario, se abre a las mercancías, a las ideas, a los emigrantes, da publicidad a sus últimos caprichos. La provincia detestaba semejante obscenidad. Ese pretendido lustre le parecía una baratija se tomaba tiempo para asimilar lo que
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¡Ay de los seres mundanos que brillan por sus réplicas, que no profundizan, que se expresan con un respeto natural! Cada uno de nosotros se ve amenazado por la contaminación de lo ya-dicho, de lo ya-visto, de lo ya-sentido, cuya escritura parece tan fácil
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Las vacas estaban sumidas en una existencia bestial que carecía dichosamente de profundidad espiritual: arrojar chorros de leche y mascar, cagar y mear, pacer y dormir, esa era toda su razón de ser.
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Todas las religiones, con sus dioses, semidioses, profetas, mesías y santos son el producto del capricho y la credulidad del hombre quien no ha alcanzado todavía el desarrollo total y la personalidad completa de sus poderes intelectuales.