El cuerpo sin vida me parece la manera perfecta de describirnos a todos nosotros.
Frases célebres sobre: ida. [Página 228]
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En cualquier caso, no esta de más revisar la dosis y la calidad de mis estimulantes, porque me estoy quedando sin respuestas para tantas preguntas siniestras.
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La tristeza no tiene fin. La felicidad si.
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La vida es un mall que solo cierra una vez y para siempre.
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No hay dos vidas iguales, ni dos dolores distintos.
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En noches así siempre se anda uno preguntado cuánto ha olvidado y cuánto de todo esto va a recordar en el futuro. Después los antidepresivos detienen todos esos malditos neurotransmisores y uno ya no se pregunta nada.
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Sólo después de olvidar eres completamente inocente y por eso mismo, definitivamente culpable.
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Qué tremendamente aburrida es la enfermedad y cuánto le ocupa a uno la cabeza al mismo tiempo.
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Por más que pueda recordar con absoluta facilidad muchas de las noches de los días y muchos de los días de las noches antiguas, no consigo guardar las noches de los días ni los días de las noches recientes.
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He olvidado el día de ayer, completamente, como olvidaré el de hoy y después el de mañana.
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Me imagino dejando que pasen las horas sentado en la misma cama. Mirando la televisión sin mover un dedo, sólo por curiosidad de saber qué hace el tiempo con uno cuando uno no hace nada con el tiempo.
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Las horas de niño son eternas. Las horas de hombre, en cambio, caen del cielo como la lluvia y no hay nada que pueda uno hacer para detenerlas. Las horas de viejo son aún más rápidas, te atraviesan a la velocidad de la luz. Se va un día en un pestañeo.
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A la luz de la gloria todos los vicios son pequeños y, en cambio, a la sombra de la derrota las más corrientes debilidades se vuelven fallas imperdonables.
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La impertinencia no está del todo mal vista en según qué fiestas y es, en cualquier caso, un pecado perdonable. Seguramente porque la impertinencia, como el ping pong, es una actividad insignificante que jamás ha matado a nadie.
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La teoría del caos se desmoronaba ante la perfecta maquinaria de fatalidades que regía su vida, nada es casual”, se decía. Por más que agite el puzzle, todas las piezas vuelven a encajar con demoledora exactitud en el mapa de mi fracaso.
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Los criados sólo respetan al amo. El temor una vez más marca la medida exacta del respeto. Muéstrales una simpatía excesiva, y enterrarán tus huesos en el patio. Mantén el cuchillo de la cortesía bien afilado y se doblarán como bisagras.
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Se perdonan los sombreros más extravagantes en las mujeres bellas, y en las feas resulta inaceptable un solo paso más allá de las más aburrida discreción.
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Una negación necesita de un muro, una afirmación apenas precisa un momento de debilidad.
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Vivir es suficiente, había sido su lema en los días apresurados de su juventud, pero ahora, de pronto, por culpa de la edad, que otra cosa podría ser, sentía a menudo la necesidad de poner su pasado en orden.
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Las cosas en general van siendo peores según creces, por eso resulta especialmente cruel que te amarguen la vida de pequeño, cuando aún tienes posibilidades.