Los malvados no necesitan del castigo de Dios ni de los hombres, porque su vida corrompida y atormentada es para ellos un castigo continuo.
Frases célebres sobre: ida. [Página 461]
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Hay maridos tan injustos que exigen de sus mujeres una fidelidad que ellos violan. Se parecen a los generales que huyen cobardemente del enemigo, pero sin embargo quieren que sus soldados sostengan el puesto con valor.
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La amistad verdadera requiere tres cosas; la virtud para ser honesta, la conversación para ser agradable y la utilidad porque le es necesaria.
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Por un pequeño bocado de carne privamos a un alma del Sol y de la luz y del gozo de la porción de vida y tiempo por la que había nacido al mundo.
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Reconoce tu oportunidad
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La fidelidad que debemos a nuestro amigo es una cosa sagrada, que no permite la más leve ironía.
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No se debe abandonar el puesto sin permiso de aquel que manda. El puesto del hombre es la vida
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Un ratón nunca confía su vida a un único agujero.
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No hay autoridad como la que se funda en la justicia y se ejerce por la virtud
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Dondequiera que se ama el arte de la medicina se ama también a la humanidad.
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Tú eres legal,Eli es legal.De la legalidad solo puede salir el supremo bien
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El tiempo es la imagen de la eternidad en movimiento.
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El principio de la actividad es el amor. El amor llena con su presencia el universo entero, mueve sus resortes y les hace concurrir a un admirable concierto
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Dos excesos deben evitarse en la educación de la juventud; demasiada severidad, y demasiada dulzura.
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El legislador no debe proponerse la felicidad de cierto orden de cuidadanos con exclusión de los demás, sino la felicidad de todos.
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Las leyes deben tener como objeto el interés del régimen establecido, cualquiera que éste sea y el mantenimiento de su autoridad, y de aquí se desprende, en su concepto, la verdadera definición de la justicia derivada de la naturaleza misma. Platón: Las l
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El hombre inteligente habla con autoridad cuando dirige su propia vida
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..., en las asociaciones mutuas, donde uno se junta con otro, nunca verás que, al disolverse la comunidad, el justo tenga más que el injusto, sino menos.
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El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del corcel negro placer y acompasarlo con el blanco deber para correr sin perder el equilibrio.
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Cuanto mayor es el placer sexual del hombre, mayor es la felicidad de la mujer