Averguénzate de morir antes de haber conseguido alguna victoria para la humanidad.
Frases célebres sobre: ido. [Página 300]
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El actuar con sentido común según el momento es la mejor sabiduría y la mejor filosofía.
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¿Acaso puedo ocultar mi pensamiento a la mujer a la que más respeto, de la que no he recibido sino ternura y toda la bondad del mundo, a la mejor de las madres?
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Vuestro propósito es tan odioso como despreciable vuestra ira. Volved por donde habéis venido o pronto sabremos qué ira es más terrible.
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¡Yo soy tu asesino! ¡He sido yo quien ha hecho recaer sobre ti esta hora de infortunio!
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No doy valor a mi vida replicó el desconocido, y me producirá satisfacción perderla tratando de libraros de su tiranía.
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Imagina que cada día es el último que brilla para ti, y aceptarás agradecido el día que no esperabas vivir ya
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Lejos, caía lluvia del cielo de tus manos -un cielo pequeñito, lívido, solitario-.
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No estoy muy convencido de mi humanidad; no quiero ser como los otros. No quiero ser feliz con permiso de la policía.
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El lenguaje no es más que su signo y su medio, toda obra espiritual ha sido provocada por ese algo. Es lo que hace del hombre un hombre.
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Todo lenguaje poético, tanto en este sentido amplio como en el más estricto de lo poético, es en el fondo un pensar. La esencia poética del pensar guarda el reino de la verdad del ser
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El amor verdadero, como es sabido, es implacable.
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No existe el hombre que haya podido descubrir el medio de dar un consejo de amigo a una mujer, ni siquiera a la suya.
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Cuando un marido y una mujer se comprenden, sólo el diablo sabe quién comprende a quién.
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El anciano es un hombre que ya ha comido y observa cómo comen los demás.
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El horror de aquel espectáculo, la ignorancia de los circunstantes sobre cómo había acaecido la desgracia y, ante todo, el tremendo fenómeno que tenía ante él, dejaron al príncipe sin habla.
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Avanzaba sin hacer ruido, en la medida que su impaciencia se lo permitía, aunque se detenía a menudo y aguzaba el oído para saber si la seguían. En uno de esos momentos pensó oír un suspiro. La sacudió un temblor y retrocedió unos pocos pasos. Creyó oír a
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Al ver al hombre el tigre lanzó un rugido espantoso y se lanzó de un salto sobre él. Pero el cazador que tenía una gran puntería le apuntó entre los dos ojos, y le rompió la cabeza.
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Coaticitos: hay una sola cosa a la cual deben tener gran miedo. Son los perros. Yo peleé una vez con ellos, y sé lo que les digo; por eso tengo un diente roto. Detrás de los perros vienen siempre los hombres con un gran ruido, que mata. Cuando oigan cerca
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Se ha debatido mucho si un poema es el resultado de la naturaleza o del arte. Por mi parte no veo qué podría hacer el arte sin la ayuda de la naturaleza, ni ésta sin el arte. Ambas necesitan ayudarse mutuamente y deben estar siempre estrechamente unidas