No pudimos perjudicar en nada a los enemigos y nos retiramos con muchas dificultades. ... Gracias sean dadas a los dioses porque no vinieron con una gran fuerza, sino con pocos hombres, de manera que no nos han hecho un gran daño y, en cambio, nos han mos
Frases célebres sobre: ira. [Página 131]
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Estirar la mano hasta llegar a las estrellas, con demasiada frecuencia, hace olvidar las flores en sus pies.
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La tiranía y la anarquía nunca están muy distantes.
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A veces la única manera en la que puedes mirar a una persona y amarla exactamente de la manera en la que lo hicistes antes, es mirarla con ojos nuevos
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La primera fuerza que dirige el mundo es la mentira.
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Jamás hablen con voz destemplada y menos con ira.
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Los niños se educan haciendo que amen la verdad y huyan de la mentira.
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Tolerar al extraviado, sufrirlo, prestarle socorro si llega el caso, pero no transigir ni con el error ni con la mentira.
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El pensamiento de las misiones es el más grande que ha podido inspirar Dios a los hombres.
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Jamás he conocido las pasiones más odiosas, nunca ha invadido mi corazón la envidia, la maldad, ni la venganza... en ocasiones la ira, pero no soy muy hábil y jamás guardo rencor
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Cada edición es una mentira.
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Los sidaicos, al respirar el virus por todos los poros, son un peligro para el equilibrio de la nación. El sidaico - si quieres, utilizo este nombre, es un neologismo, no es muy bonito pero no conozco otro- es contagioso por su transpiración, su saliva y
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Casi todos prefieren la mentira por ellos descubierta a la verdad encontrada por otros.
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¿Quién no prefiere su mentira a la verdad hallada por otro?
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Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas.
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Dos cosas me llenan el espíritu de admiración y espanto: el cielo estrellado sobre mí, y la ley moral de mí mismo.
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La riqueza, aun sin merecimientos, inspira reverencia hasta a gentes desinteresadas, porque acaso les sugiere la idea de los grandes proyectos que permite realizar.
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Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto, siempre nuevos y crecientes cuanto más reiterada y persistentemente se ocupa de ellas la reflexión: el cielo estrellado que está sobre mí y la ley moral que hay en mí
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Respirando hondamente, llenas de oscuras fuerzas, irredentas en su pasión devoradora.
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Me encontré de pronto en la culminación de la dicha del amor y en consecuencia en la cima de mi vida, de mis añoranzas y aspiraciones.