Comprenderse uno mismo requiere paciencia, tolerancia en el darse cuenta; el yo es un libro de muchos capítulos que no puede leerse en un sólo día, pero cuando empiece a leerlo debe leer cada palabra, cada frase, cada párrafo, porque en ellos hay indicios
Frases célebres sobre: labr. [Página 69]
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La palabra alcanzar de nuevo implica tiempo y distancia. La mente es pues esclava de la palabra alcanzar. Si la mente puede librarse de las palabras conseguir, alcanzar, llegar, entonces el ver puede ser inmediato
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¿Nos damos cuenta que somos esclavos de la palabra? El comunista es esclavo de las palabras Marx, Stalin, etc. Y el llamado cristiano es esclavo del símbolo, la cruz, y todo el juego de las palabras relativas a eso. Id a Roma, id a cualquier parte, y
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La meditación es el cese de la palabra. Como la palabra es pensamiento, la palabra no produce el silencio. La acción que surge del silencio es enteramente distinta de la acción surgida de la palabra; la meditación es la liberación de la mente de todos los
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Fuiste verdad visible, combustión, palabras que mis manos llovían sin descanso desde el temblor de un vértigo insondable.
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Sientes la luz herirte y aprisionas su sonido tenaz. Si una palabra hubiera, si una sola palabra, que bastase. Como a estas aguas quietas, para existir, sus olas.
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Era dulce y era mágico el encuentro, me detuve en la ilusión de tus palabras aún sabiendo que se borran con el viento.
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Jamás resuene en nuestros oídos la terrible palabra enemistad.
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Cuán mezquinas y cuán menospreciables son las palabras de nuestros filósofos con todas sus contradicciones, comparadas con las Escrituras. ¿Es posible que un libro a la vez tan sencillo y tan sublime sea simple palabra de humanos?
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Las dos palabras esclavitud y derecho son contradictorias y se excluyen mutuamente
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La mayor parte del tiempo, al no unirse a palabras, mis pensamientos quedan en nieblas
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Mi búsqueda se orienta hacia el nuevo tipo de realidad que también pueda ser expresada en términos científicos. En otras palabras, soy realista para una nueva realidad.
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Las palabras no sirven para explicar un sentido secreto.
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Pero te confieso, querido mío, que entre el pensamiento y la palabra no encuentro gran diferencia. A decir verdad, no presto más atención a una que al otro. Mayor importancia tienen para mí las cosas.
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Mal expresan las palabras el sentido misterioso de las cosas; siempre deforman más o menos lo que se dice, y a menudo se desliza en el discurso un dejo de falsedad o de locura.
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Las palabras ingeniosas carecen totalmente de valor. Sólo le alejan a uno de sí mismo. Y alejarse de uno mismo es pecado. Hay que saber recogerse en sí mismo por completo, como las tortugas.
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Pero, mi querido amigo, debo confesarte que, desde que mi pensamiento ha cambiado, ya no existen para mí palabras ambiguas ni dichos: cada palabra tiene decenas, centenares de significados. Y ahí empieza lo que temes...La magia.
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Pero algo hay que me siento incapaz de amar: las palabras. He aquí por qué no hago caso de las doctrinas. Carecen de consistencia, de blancura, de color, de perfume, de gusto; solo una cosa tienen: palabras.
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Aplazo escribir porque le temo. Cuando escribo estoy poseída, es una adicción que me enferma y me cansa. Les temo a las palabras pues requieren mucha precisión y con ellas toco cicatrices que estarán conmigo para siempre.
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Las palabras sin acciones son las asesinas del idealismo