La voluntad es el rey de los poderes mentales.
Frases célebres sobre: men. [Página 852]
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La guerra interna con la mente es más terrible que las guerras externas con armas.
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Me encuentro absolutamente colmada cuando he escrito un poema.
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¡Satisfacción! No podría vivir sin ella. Es como agua o pan, o algo absolutamente esencial para mí.
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Mis poemas surgen inmediatamente de la experiencia sensitiva y emocional que tengo.
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Nunca podré reunirte íntegramente, juntar, pegar, articular como corresponde rebuznos de mula, gruñidos de cerdo, obscenos graznidos provienen de tus grandes labios.
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Toda muchacha es una maestra innata, y aunque con ella no se pudiese aprender nada más, se aprendería por lo menos una cosa: el modo de engañarla. Nadie nos puede enseñar tal cosa como ella.
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¿Se puede desear alguna cosa en el momento que la poseemos? Si, cuando se recela perderla un momento después.
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Yo creo que se podría vivir continuamente absorto en la contemplación de un ser femenino.
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No hay ningún estado social que no tenga sus costumbres y, por lo tanto, sus mentiras convencionales.
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... de muchachas muy habituadas al mundo no hay generalmente mucha cosa que llevarse.
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Los dioses no regalan grandezas. Nada verdaderamente grande se obtiene gratis.
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Si realmente el noviazgo es el período más bello de todos, ¿por qué se casan las personas?
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Es menester un gran idealismo para arrepentirse de verdad, singularmente para arrepentirse pronto
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Un caso propicio se encuentra tan raramente, que una vez hallado es necesario asegurarlo con todas las fuerzas, no reside el arte en seducir a una muchacha, sino en encontrar una digna de ser seducida.
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Generalmente se quiere gozar de una muchacha como quien saborea una copa de champagne en el momento que espumea.
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Lo primero que debe hacerse es llevar a una muchacha al punto en que sólo conozca un deber: el de abandonarse plenamente a su amado, tanto como si, llena de exaltada beatitud, mendigase ese favor. Sólo entonces es cuando se pueden obtener de ella los verd
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En general, las mujeres hablan desdeñosamente de los hombres tímidos, pero en el fondo les gustan. Un poco de aturdimiento lisonjea su vanidad y se sienten más fuertes; es una especie de tributo que se les paga.
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Es la resistencia habitual de los seres femeninos, porque es propio de la naturaleza de la mujer entregarse bajo la forma de resistencia.
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Saber hacer del amor algo absoluto, delante de lo cual todo lo demás pierda su valor, es absolutamente necesario.