Como en palabras sagradas crees en sus juramentos, sin ver que encada promesa está el demonio en acecho.
Frases célebres sobre: mesa. [Página 6]
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La fuente, que es promesa, el mar sólo la cumple.
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Tú, ave peregrina, arrogante esplendor -ya que no bello- del último occidente: penda el rugoso nácar de tu frente sobre el crespo zafiro de tu cuello, que himeneo a sus mesas te destina.
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De niña, me daba mucho miedo cuando en la mesa del comedor mi padre no dejaba de alardear, se jactaba una y otra vez de sus logros. Y cuanto más grande pretendía volver su figura, más insignificantes nos sentíamos sus hijos. Mi fantasía era: lo agarrábamo
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Bien con muchas armas fundo que lidia vuestra arrogancia, pues en promesa e instancia juntáis diablo, carne y mundo.
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Cuando un paciente va al psicoanalista, surge lo que Freud denomina la transferencia: una reproducción de viejas situaciones de amor. Gracias a este proceso, el individuo pone sus cartas sobre la mesa, lo que, por así decirlo, le permitirá renacer: como a
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¿Me amarás? Murmuraste. Lenta y grave vibró en mis labios la promesa suave de la dulce, la amable moabita. Y fue como un ¡amén! En ese instante el toque de oración que alzó vibrante la rítmica campana de la ermita.
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Las grandes promesas son siempre muy sospechosas.
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Me fascináis los zurdos, de verdad, porque tenéis que aprender a vivir en un mundo hecho por diestros: los interruptores de la luz, las manillas de las puertas, los cajones de las mesas, los grifos de los lavabos...
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¿Creéis que hay gran diferencia entre un banquero de una mesa de juego robándoos en el Palais-Royal, o Matasiete pidiéndoos la bolsa en el bosque de Bolonia? Es lo mismo, señora; y la única distancia real que puede establecerse entre uno y otro, es que el
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Las muchas promesas disminuyen la confianza.
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La belleza es la promesa de la función.
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Dos cosas constantes te revelan, te tienen de cuerpo entero en el instante, y son la cama y la mesa de madera, hechas a la medida del amor y del hambre.
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Las autoridades árabes no tendrán más remedio que sobreponerse al shock de vernos frente a frente en la mesa de negociaciones, y no en el campo de batalla
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¿No es ello la causa de todas nuestras revoluciones? Porque entre el Estado, que prodiga promesas imposibles, y el público, quien ha concebido esperanzas irrealizables, se vienen a interponer dos clases de hombres: los ambiciosos y los utópicos.
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¿Qué puede hacer el gobierno provisional? ¡Ay! Lo que se hace siempre en coyunturas parecidas: prometer y ganar tiempo. No faltaba más, y para dar a sus promesas más solemnidad, las fija en sus decretos.
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A un buen hombre sentado a comer a la mesa, ninguna cosa debe venir a molestarle.
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Prosiga usted indicó el eminente médico, sin dejar de balancear una pierna ni quitarle ojo a aquel hombre que tenía ante su mesa, y el cual deseaba informarse si, desde el punto de vista clínico, existía alguna probabilidad de salvarse de la horca, por
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Mi Dios nunca trae deliberadamente daño a nadie. Pero si sucede, si simplemente sucede, debido al viento, a la lluvia, al tiempo y a los propios errores del hombre, entonces Dios tiene promesas para mantener la mentira permanentemente. Una vida en curso a
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No me dejaré seducir por mi lengua materna, ni por su promesa de leche. ¡Me es indiferente en qué idioma no he de ser entendida por nadie!