La caridad comienza por nosotros mismos, y la mayoría de las veces acaba donde empieza.
Frases célebres sobre: mie. [Página 188]
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Nuestra caridad comienza en nuestra propia casa, y casi siempre termina donde comienza
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¿Acaso puedo ocultar mi pensamiento a la mujer a la que más respeto, de la que no he recibido sino ternura y toda la bondad del mundo, a la mejor de las madres?
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Nosotros consideramos que el sentimiento del deber, profundamente arraigado en una naturaleza de hombre, es capaz de contener por tres horas el mar de demencia que lo está ahogando. Pero de tal heroísmo mental, la razón no se recobra.
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Las máquinas que se inventaron para servir al hombre en su tarea acabaron por adscribirle a su servicio; no eran ya, como las herramientas, una prolongación de su brazo, pues el hombre se convirtió en su mera prolongación, en un miembro periférico pegadiz
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El carácter poético del pensamiento aún está velado
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De la misma manera debemos soportar la autoridad del príncipe. Si usa mal su autoridad o abusa de ella, no debemos albergar resentimiento, ni buscar venganza ni castigo
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La astronomía es la más antigua de las ciencias y la fuente de vastos conocimientos
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El mito global solo nos empuja a la era de la melancolía. El modelo de la codicia se balancea entre la ira y la codicia; mientras la aldea global es solo una esperanza ingenua.
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Cuando un hombre dice a una mujer que la ama, ella, por poco sólidas que le parezcan las bases de este sentimiento, sin razonarlo se siente impulsada a tomarlo por verdadero. Lo cree siempre.
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El periodismo es una inmensa catapulta puesta en movimiento por pequeños odios.
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Un libro hermoso es una victoria ganada en todos los campos de batalla del pensamiento humano.
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Así pues, refrenó las inclinaciones de su corazón, y no se permitió concesiones a la piedad. El siguiente sentimiento que se apoderó de su alma fue una exquisita maldad.
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Si logro encontrarlo, podré escapar; si no, valeroso forastero, temo haberos mezclado en mis desdichas: Manfredo sospechará que sois cómplice de mi fuga, y seréis víctima de su resentimiento.
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Los necios, mientras huyen de un vicio, caen en el contrario
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Coaticitos: hay una sola cosa a la cual deben tener gran miedo. Son los perros. Yo peleé una vez con ellos, y sé lo que les digo; por eso tengo un diente roto. Detrás de los perros vienen siempre los hombres con un gran ruido, que mata. Cuando oigan cerca
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La bravura de que muchos hacen alarde, es un hábil cálculo sobre el miedo que domina a sus adversarios
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Al que vive temiendo nunca le tendré por libre.
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El conocimiento de los hombres y de las costumbres es el primer principio y el principal manantial del bien escribir
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En el trabajo olvido mis sufrimientos... ¡El trabajo es mi salvación!