Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.
Frases célebres sobre: mira. [Página 46]
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Para los vanidosos todos los demás hombres son admiradores.
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Mirad, en la vida no hay soluciones, sino fuerzas en marcha. Es preciso crearlas, y las soluciones vienen
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No pongas en duda la inteligencia de tu mujer: mira con quién se casó
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Hay que mirar al dinero con desprecio, pero nunca perderlo de vista.
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Yo era libre, como tú, pero quería vivir demasiado. Mira, viento, mi cuerpo está frío y no hay a quién estrechar la mano...
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Esta es la canción de la última cita. Eché una mirada a la casa sombría. Tan sólo en la alcoba ardían las velas con una llama indiferente y mustia.
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Los caminos prohibidos se han cruzado. Llevamos el paraíso como una cadena bendita miramos en él, como en un aljibe insondable, más profundo que los libros admirables que surgen de pronto y lo contienen todo.
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Mirara hacia donde mirara, ya fuera hacia la tierra durmiente o a las vastas regiones del espacio, la magnificencia del mundo estaba más allá de la mente humana, se advertía la sublimidad de Dios y la majestad de su presencia.
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Mi alma te pertenece, mi corazón es tuyo para siempre y con sólo mirarte a los ojos se que te amará hasta la muerte
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Tienes unos hermosos ojos, que cuando me miran iluminan mi vida, por favor, no dejes de mirarme porque mi corazón te necesita
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Amor es lo que yo siento cuando tus ojos me miran y mi cuerpo tiembla, cuando tu voz suena y mi corazón late con más fuerza, cuando escucho tu nombre y mi pecho se cierra
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Es un verdadero pesimista: mira un donut y sólo ve el agujero.
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Los dos miramos el cielo azul, el castaño sin hojas con sus ramas llenas de gotitas resplandecientes
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Que nos espanta al mirar.
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La belleza es despiadada. No la miras vos, te mira ella y no perdona.
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El tiempo me ha convencido de una cosa: la televisión es para aparecer, no para mirar.
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A las nubes también el color tiñe, túnicas tintas en el mal les ciñe, las roe, las horada, y a la crítica nuestra, si las mira, por qué al museo su ilusión retira la escultura humillada.
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Dios cuando reza se mira al espejo.
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Los diálogos son admirables, tanto como los personajes que acompañan al protagonista, y las situaciones y sensaciones que se suceden son tan francas y espontáneas que cuesta abandonarlas y dejar de vivir en el genuino mundo de Fernández. Revista Ñ.