En primer término hemos de observar que nuestro objeto la historia universal, se desenvuelve en el terreno del espíritu. El mundo comprende en sí la naturaleza física y la psiquica.
Frases célebres sobre: mos. [Página 110]
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Entre otras cosas, no debemos dejarnos seducir por los historiadores de oficio.
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Hay que referirse ante todo a la moralidad familiar. La familia es una persona; sus miembros, o han enajenado recíprocamente su personalidad y por tanto también la relación juridíca y demás intereses particulares y egoísmos los padres, o todavía no la han
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Hemos de contemplar la historia universal según su fin último. Este fin último es aquello que es querido en el mundo. sabemos que Dios es lo más perfecto. por tanto, Dios sólo puede quererse a sí mismo, y a lo que es igual a sí. Dios y la naturaleza de su
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La caducidad puede conmovernos; pero se nos muestra, si miramos más profundamente, como algo necesario en la idea superior del espíritu.
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La filosofía de la historia no es otra cosa que la consideración pensante de la historia; y nosotros no podemos dejar de pensar, en ningún momento. El hombre es un ser pensante; en esto se distingue del animal.
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La razón aprehendida es su determinación, es la cosa. Lo demás - sí permanecemos en la razón en general- son meras palabras.
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La razón ve, en lo que nace y perece, la obra que ha brotado del trabajo universal del género humano, una obra que existe realmente en el mundo a que nosotros pertenecemos.
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Las castas no son rígidas, sino que están en lucha y en contacto unas con otras; y asistimos con frecuencia a resistencias y desaparaciones de castas.
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Las leyes y los principios no viven ni prevalecen inmediatamente por sí mismos. La actividad que los pone por obra y les da existencia son las necesidades y los impulsos del hombre, como asimismo sus inclinaciones y pasiones.
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Lo concreto, los caminos de la Providencia son los medios, los fenómenos en la historia, los cuales están patentes ante nosotros; y debemos referirlos a aquel principio universal.
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Lo primero que el espíritu sabe de sí. en su forma de individuo, es que siente. Aquí todavía no hay ninguna objetividad. Nos encontramos determinados de este y de aquel modo.
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Lo verdadero es algo en sí universal, esencial, sustancial; y lo que es así, sólo existe en y para el pensamiento. Pero lo espiritual, lo que llamamos Dios, es precisamente la verdad verdaderamente sustancial y en sí esencialmente individual, subjetiva.
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Los mismos afanes y esfuerzos se producen en una pequeña ciudad que en el gran teatro del mundo.
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Mas en la historia universal nos referimos a individuos que son pueblos, a conjuntos que son Estados.
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Si afirmamos que Dios es desconocido, no somos ya cristianos.
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Si el nombre de Dios no ha de ser vano, debemos reconocer que Dios es bondadoso, o sea, que se comunica.
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Si se dice: no sabemos nada de Dios, entonces la religión es algo superfluo, algo que ha llegado demasiado tarde y malamente.
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También podríamos recluirnos en el egoísmo, que permanece en la playa tranquila, y contemplar seguros el lejano espectáculo de las confusas ruinas.
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¿Qué es lo cósico de la cosa? ¿Qué es la cosa en sí? Sólo llegaremos a la cosa en sí si antes nuestro pensamiento ha llegado a la cosa como cosa.