No le tengo miedo a la muerte, a lo que sí le tengo respeto es al trance, el ir hacia allá. Confieso que tengo curiosidad por saber de qué se trata.
Frases célebres sobre: muer. [Página 79]
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Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé! .../Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;/o los heraldos negros que nos manda la Muerte. Poema Los heraldos negros
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Quizá nuestra civilización no está muerta, sino solamente ávida de sueños.
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Augusto había muerto y todo había acabado. Una vida, un hombre, un Imperio
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Las riñas amorosas raramente acaban en una paz verdadera; normalmente se trata de un simple armisticio que se conceden mutuamente las paces para enterrar a sus muertos. Luego, cuando se reanuda la batalla, vuelven a sacar a la luz hasta a los muertos, y c
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La vida es sólo la muerte aplazada
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El amor es la compensación de la muerte.
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La muerte de Sócrates y la crucifixión de Cristo forman parte de los grandes rasgos de carácter de la humanidad.
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Su muerte es para cada cual el ocaso del mundo Senilia
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De los males de la vida nos consolamos con la muerte, y de la muerte, con los males de la vida.
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La mera idea de que sucedan los milagros, sin embargo, persiste en la cabeza de mucha gente. Cuando eso muere hace que la gente sea más desgraciada.
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El amor a la vida no es en el fondo sino el temor a la muerte.
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Las civilizaciones mueren por suicidio, no por asesinato.
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En el punto extremo del futuro está la muerte, por supuesto.
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El héroe antiguo era el que afrontaba la muerte; el héroe moderno es el que acepta la vida.
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Los sabios tienen sobre los ignorantes las mismas ventajas que los vivos sobre los muertos; que la sabiduría es un adorno en la prosperidad y un refugio en la adversidad.
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Tras cada hombre viviente hay treinta fantasmas, pues esa es la razón en la que los muertos superan a los vivos
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Me tomo un vaso de agua y muero en la sed de tu cuerpo.
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Todos los gobiernos mueren por la exageración de su principio
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Las tropas regulares pierden el valor cuando se encuentran ante peligros mayores que los que esperaban y superadas por el número y las armas del enemigo. Son las primeras en volver la espada. En cambio, los hombres de la milicia mueren en su puesto.