¡Triste suerte la del gobierno al que nadie acusa en público, porque todos le acusarán en secreto!
Frases célebres sobre: nad. [Página 86]
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A los desposeídos y marginados si algo pudiera pedirles sería perdón por no haber acertado todavía a sacarlos de su postración...
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A los desposeídos y marginados, a los que hace seis años les pedí un perdón que he venido arrastrando como responsabilidad personal ...
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Si buscas chicas sin pareja, déjate de internet y dirige tu mirada hacia los contenedores. Son las que bajan a tirar la basura. De nada
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Nadie da otra oportunidad. Si acaso la misma, pero ya de segunda mano
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El secreto de la felicidad está en no decírselo a nadie
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Hoy extiendo mis manos a través de estos muros, condenados a retener vacíos agónicos, a quebrar la identidad que huele a barro, a arrancar las ideologías estelares escritas en la piel.
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Cuando no pasa nada, no pasa nada.
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La mayoría de los vicios y pecados capitales condenados hoy en día corresponden a inclinaciones que fueron puramente adaptativas o por lo menos inofensivas en el hombre primitivo.
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Cada hombre llega a un campo cada vez más refinado de conocimiento en el cual debe ser un experto para poder competir con otras personas. El especialista sabe más y más sobre menos y menos que finalmente lo sabe todo acerca de nada.
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Yo no me creo nada, sólo digo que los perros apaleados son los que muerden. - Sí, pero casi nunca a su dueño.
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Nada de agujas, por favor, odio las agujas. Soy un adicto cobarde. Capaz de cualquier daño definitivo, pero temeroso de cualquier daño intermedio.
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Una sola raya de coca no sirve de casi nada. Te deja como un cristo sujeto de un solo clavo.
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En noches así siempre se anda uno preguntado cuánto ha olvidado y cuánto de todo esto va a recordar en el futuro. Después los antidepresivos detienen todos esos malditos neurotransmisores y uno ya no se pregunta nada.
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Y llueve y se hace tarde y toda la tristeza del mundo no cambia nada.
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Cuando alguien te mira y mira también las cosas que tú miras, desaparece el terror de las cosa imaginadas.
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Me imagino dejando que pasen las horas sentado en la misma cama. Mirando la televisión sin mover un dedo, sólo por curiosidad de saber qué hace el tiempo con uno cuando uno no hace nada con el tiempo.
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Las horas de niño son eternas. Las horas de hombre, en cambio, caen del cielo como la lluvia y no hay nada que pueda uno hacer para detenerlas. Las horas de viejo son aún más rápidas, te atraviesan a la velocidad de la luz. Se va un día en un pestañeo.
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La impertinencia no está del todo mal vista en según qué fiestas y es, en cualquier caso, un pecado perdonable. Seguramente porque la impertinencia, como el ping pong, es una actividad insignificante que jamás ha matado a nadie.
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La lealtad es un regalo envenenado que jamás he pedido y jamás he prometido devolver.