No hay en el mundo palabras tan eficaces ni oradores tan elocuentes como las lágrimas.
Frases célebres sobre: orador. [Página 4]
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No sé yo que haya en el mundo palabras tan eficaces ni oradores tan elocuentes como las lágrimas.
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El tiempo es una terrible planta devoradora.
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Debe quedar claro que con todo lo que he dicho hasta en mi investigación tengo una deuda enorme con el trabajo de otros, mis colegas que han aportado muchas de las ideas que he usado y muchos ejemplos interesantes de análisis y mis colaboradores, sin cuyo
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Me ha tocado en suerte ser último orador, cosa que me alegra mucho porque, como quien dice, así me los agarro cansados.
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No es verdad que todos mis colaboradores forzosamente acaben dándose a la bebida. Algunos también se suicidan. ¡Yo no tengo infartos, los provoco!
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Hay personas silenciosas que son mucho más interesantes que los mejores oradores.
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Esclavos de ajenas pasiones y de su propia vanidad, sólo conciben la gloria en un carro triunfal arrastrado por adoradores. Prefieren una corona de cartón dorado, con tal que todos la tomen por oro buen a ley, a la inmortal corona del laurel sagrado que s
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De todos los cambios de régimen, el único que realmente teme el orador político es aquel que le impidiese hablar
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Mi pasión es la transmisión del saber. Quiere decir: formar colaboradores profesionales a los que les doy la posición de jefe de cocina o de director.
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Las revoluciones profundas, de largo curso y huella duradera; no las hacen escritores, sino oradores
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Yo sé que los partidarios conquistados por medio de la palabra escrita son menos que los conquistados merced a la palabra hablada y que el triunfo de todos los grandes movimientos habidos en el mundo ha sido obra de grandes oradores y no de grandes escrit
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El amor cruel es mentira. No hay amor donde no hay piedad. ¿Qué es el amor más elevado, sino una piedad devoradora?
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La lengua de Goethe sonaba horrible en medio de la noche en las estaciones rusas, pero el ruso que hablaban los colaboradores de la policía alemana era todavía más siniestro.
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La asimilación arbitraria de los hechos va de la mano de la asimilación igualmente arbitraria del lector, que se ve convertido de repente en colaborador de su periódico.
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Este mundo de diseñadores y decoradores que sólo dibujan y pintan debe convertirse de nuevo en un mundo de gente que construye.
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Cuando la hermosura es el abogado, todos los otros oradores enmudecen.
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El oro vale por veinte oradores.
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El dinero vale por veinte oradores.
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Los exploradores, que preparaban el camino del mejor modo posible, y una parte de la vanguardia fueron devorados antes de poder advertirlo. La confusión era extrema; los lobos, los tigres y demás carniceros, invitados por sus compañeros, acudían de todas