Yo pinto como si fuera andando por la calle. Recojo una perla o un mendrugo de pan; es eso lo que doy, lo que recojo.
Frases célebres sobre: perla. [Página 3]
Hay un total de 56 freses célebres sobre "perla" este sitio web. [Página 3]
-
-
Los campeones de las finanzas son como las perlas de un collar: cuando una de ellas cae, las otras le siguen.
-
Con sus largos remos, parecidos a poderosas aletas, se producen remolinos en cada lado de la barca y se hace caer como lluvia de perlas las gotas sobre la superficie del agua; a voluntad se abre el líquido en surcos espumosos, y detrás se deja una larga e
-
Manos enjoyadas del rubí de mi deseo, la perla de mi tristeza y el diamante de mi beso: llevad a la fosa misma un pétalo de mi cuerpo, manos que sois la vida, manos que sois ensueño.
-
La perla de la justicia brilla mejor en la concha de la misericordia
-
Desagradables y deformes, algunos artistas son como las conchas babosas de moluscos, en las que nacen perlas.
-
En noches breves la aterciopelada oruga detiene las perlas del rocío.
-
La corta noche; sobre la peluda oruga, perlas de rocío.
-
Así como un buscador de perlas se ata una piedra a la cintura para sumergirse y tomar la perla del fondo del mar, cualquiera que bucee en las profundidades de su propio ser con desapego puede obtener la perla del Yo.
-
¡Cuántas lluvias de largueza han caído para que el mar distribuyera perlas! ¡Cuántos soles de generosidad han brillado para que las nubes y el mar aprendieran a ser tan espléndidos!
-
El primer signo distintivo de ese arte es lo ilimitado, lo superlativo del mismo; un deseo de superación y un impulso hacia la inmensidad, que es adonde quiere llegar el demonio, porque allí está su elemento, el mundo de donde salió.
-
No puedo pedir al invierno que perdone a un rosal; no puedo pedir a los olmos que entreguen peras; no puedo pedirle lo eterno a un simple mortal, ni andar arrojando a los cerdos miles de perlas.
-
Las diminutas cadenas de los hábitos son generalmente demasiado pequeñas para sentirlas, hasta que llegan a ser demasiado fuertes para romperlas.
-
Las cadenas del hábito son demasiado débiles para sentirlas hasta que son demasiado fuertes para romperlas.
-
Las cadenas del hábito son generalmente demasiado débiles para que las sintamos, hasta que son demasiado fuertes para que podamos romperlas.
-
Las cadenas de un hábito no se sienten; las adquirimos con mucha facilidad, más después nos cuesta mucho romperlas.